domingo cristiano

La Bárbara y el Rey

Anda el patio revuelto con las presuntas grabaciones que una tal Bárbara, de apellido Rey, le hizo a Juan Carlos, de apellido Borbón. Citas a escondidas, un niño convertido en espía por su propia madre, un maletín lleno de fotos y vídeos... Lo que viene siendo porquería de la buena.

Anda el patio revuelto con las presuntas grabaciones que una tal Bárbara, de apellido Rey, le hizo a Juan Carlos, de apellido Borbón. Citas a escondidas, un niño convertido en espía por su propia madre, un maletín lleno de fotos y vídeos… Lo que viene siendo porquería de la buena.

De esta presunta relación entre la cabaretera y el monarca se habla en todas las redacciones del país desde hace muchísimos años. Se habla y se calla, porque siempre ha existido una especie de pacto de silencio que nunca fue tal. Por tanto, y para la mayoría, nada nuevo bajo el sol.
Primicia, ninguna. Pero mierda, hasta para regalar. Es curioso que este tipo de desperdicios salga a flote periódicamente, seguramente al mismo ritmo con que se vacía la cartera de más de uno. Siempre hay un periodista con ganas de sumar visitas a su medio. Y nunca le faltan ganas a la presunta artista de seguir viviendo del cuento. De su cuento de reyes.

Traigo toda esta porquería a este rincón porque, más allá de los comentarios de comadres que ahora abundan, el tema considerado en frío es muy triste. Siempre presuntamente, tenemos a uno que tira por tierra un proyecto de amor y de futuro para lanzarse desde el trampolín de la individua. Y luego está ella, la Bárbara, quien, también presuntamente, es capaz de unir amor, pasión, espionaje y chantaje. Así, con decenas de años de distancia, y ya estaba preparando una jubilación de oro. Perverso. Y justo ahora es cuando quiere cobrar el cheque.

Muy triste, ya lo he dicho. Sin llegar a estos extremos de la cabaretera y del regio trapecista sin red, son muchos los que también organizan su vida a salto de traiciones varias: a los demás, a los más queridos, a los de paso, a sí mismos, a su memoria.La lealtad, la limpieza en los objetivos, la sinceridad, la búsqueda del bien… cada vez es más difícil hablar de valores a los más jóvenes.

Y eso es un drama para cualquier sociedad. Cuando el lenguaje con el que se transmiten las verdades que ayudan a crecer resulta ininteligible a los jóvenes cachorros, ¿cómo se dan pasos adelante? Comprendo perfectamente a quienes hacen malabarismos para no caer en el desaliento y la desesperanza sobre el futuro que nos espera.
Pero los creyentes en Cristo no podemos compartir ese derrotismo. En absoluto está todo perdido. Cuando no hay palabras para transmitir valores, siempre queda el recurso más potente: el de la propia vida que, con sus luces y sus sombras, es el discurso más rotundo si se vive desde la verdad. En cierta medida, estamos llamados a ser medicina para el mundo.

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y de sombras de muerte, y una luz les brilló”, leemos hoy en el libro de Isaías. Nunca ha sido fácil vivir, es lo que cuenta el profeta. Y nunca ha sido más sencillo aferrarse a la vida que desde que Dios decidió dar plenitud a la Historia compartiendo nuestra vida. Esto me ha traído a la memoria la historia de la cabaretera y el rey que se la jugó todo a una en el trapecio.
@karmelojph

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