al final es lunes

Lugar de nacimiento- Por Ángel Arenas

Más que de mi padre, aunque también de mi padre, soy hijo de sus viajes. En una etapa de su vida, que coincidió con su trabajo en los barcos, se llevó a mi madre consigo porque quería que yo naciera a bordo. “Para que no sea de ningún sitio”

Más que de mi padre, aunque también de mi padre, soy hijo de sus viajes. En una etapa de su vida, que coincidió con su trabajo en los barcos, se llevó a mi madre consigo porque quería que yo naciera a bordo. “Para que no sea de ningún sitio”.

Mi padre, que había estudiado Ciencias Exactas y Filología, era alguien fuera de lo común, según todos los testimonios. Los estudios no le sirvieron para nada, porque desde muy pronto se aficionó a los barcos, precisamente; le gustaban tanto que terminó siendo navegante a tiempo completo, para disgusto de mi madre, que, como él, estudió Filología. En La Laguna, precisamente.

El mundo que quiso mi padre, pues, los llevó a todas partes, en especial en ese momento en que mi madre me guardaba en su vientre. Como estaban tan enamorados ella convertía sus caprichos en realidad, y uno de esos caprichos era que yo naciera en alta mar.

Y nací en alta mar, pero muy cerca de Caracas, Venezuela. Luego he estado en tantas partes que nunca me fijé demasiado en lo que pone el pasaporte: nacido en… Venezuela. Mi padre creía, en el momento en que yo nacía, que me podía declarar apátrida desde el primer día de mi vida. Pero para ser apátrida uno tiene que seguir ciertos procedimientos, que nunca se le ocurrieron a él y jamás se me ocurrieron a mí.

Así que yo nací en Venezuela, porque así tenía que ser, no se podía poner en mi partida de nacimiento que había aparecido al mundo en tierra (o mar) de nadie. ¿Y por qué voy a esto? Pues porque Carmelo Rivero, que está en todo, me acaba de llamar para darme un susto, habitual en este ser de madrugadas.
Me dijo:

-Oye, Ángel, mira tu pasaporte, a ver qué dice. Porque tú no eres norteamericano.

-No me jodas, Carmelo, le dije yo, muy grosero. ¿A qué viene eso, por qué me das ese susto?

-Entonces no mires tu pasaporte. Te asustarás más si ves las noticias.

Las noticias decían, y eso me dio escalofrío, que Trump estaba buscando a los que no eran norteamericanos para deportarlos; había árabes, musulmanes de todas partes…, y en la próxima remesa podría haber venezolanos.

Uf, me dio un vahído.

-¡Te veo volviendo a Venezuela!, me dijo Carmelo, con su sarcasmo de Duggi.

-¿Y qué hago?

-No, nada, tú tranquilo. No va a pasar nada. ¡Vete a Cuba nadando!, se rió el muy baladrón.

Pues aquí estoy, con el pasaporte debajo de la almohada, a ver qué se le ocurre a Trump. De momento, le estoy encargando a un amigo que falsifique el pasaporte y que ponga que soy apátrida con base en Canarias. Para algo me servirá el carnet del DIARIO que me mandó Carmelo.

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