En el Foro Mundial de Davos de 2014 se difundió un interesante informe titulado Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica. El estudio, elaborado por Oxfam Intermon, reconocía que el 1% de las familias más ricas del mundo atesoraba nada menos que el 46% de la riqueza mundial. O, lo que es lo mismo, que las 85 fortunas más importantes del mundo acumulaban la misma proporción de la riqueza global que los 3.500 millones de personas más pobres de la tierra. Cada vez los más ricos son menos y tienen más y los más pobres tienen menos y son más. Pues bien, el último informe de este Foro económico, titulado Riesgos Globales 2017, alerta sobre las nocivas consecuencias de los cambios climáticos extremos, de los movimientos migratorios involuntarios y de los ataques terroristas a gran escala. También advierte sobre la necesidad de reformar a fondo el capitalismo para evitar esa creciente desigualdad que alimenta el auge del populismo y la polarización política, causas de la crisis de legitimidad del sistema político, económico y social. Es más, la combinación entre desigualdad social y polarización política, dice este reciente informe, amenaza con aumentar los riesgos globales, erosionando la solidaridad sobre la que descansan nuestros sistemas políticos, económicos y sociales. El informe de riesgos 2017 señala también que la débil recuperación producida tras la profunda crisis iniciada en 2008 indica que con solo estimular el crecimiento económico no se restauran las profundas fracturas de la política económica. Por eso se recomienda pensar el capitalismo desde la solidaridad, revitalizar el crecimiento de la economía global, reconocer la relevancia de la identidad y de la inclusión en la realización de las políticas, mitigar los riesgos y explotar las oportunidades de la cuarta revolución industrial y fortalecer los sistemas de cooperación global. Se recuerda que la expansión cuantitativa practicada por los bancos centrales ha exacerbado la desigualdad de ingresos al impulsar la rentabilidad obtenida por los propietarios de activos financieros, mientras que los ingresos reales de trabajadores y empleados han crecido muy lentamente. Igualmente, se alerta sobre los bajos tipos de interés, que pueden distorsionar los mecanismos financieros que sostienen una razonable y sana actividad económica. No puede ser, como ha reconocido el propio Foro de Davos en el informe que glosamos en el artículo de hoy, que la desigualdad sea el primer elemento de riesgo más grave a nivel mundial para los próximos tiempos.
Por eso, es menester reformar el capitalismo y de trabajar a fondo sobre los nuevos mimbres que reclama el nuevo orden político, económico y social, que debe ser más humano y justo. Algo, sin embargo, que reclama nuevas formas de estar en la realidad y de transformarla a partir del pensamiento abierto, plural, dinámico y complementario. Cuando un Foro como el de Davos alerta de esta cuestión, es por algo. Por algo muy serio.
