En virtud de la resolución de la Mesa de la Cámara, los componentes de la junta de portavoces del Parlamento hemos aprobado por unanimidad un código de conducta que exige a los diputados integridad, transparencia, diligencia, honradez y responsabilidad. Los miembros de la junta reconocemos que integridad, transparencia o responsabilidad se resumen en la apelación que hacemos a la honradez (rectitud de ánimo e integridad en el obrar), pero después de un interesante debate hemos considerado que la reiteración imprime carácter y sonoridad al documento final. Admitimos, dejándolo abierto a mejoras, que la incontestable necesidad de que los diputados garanticen capacidad, eficiencia, entrega o utilidad ha quedado escasamente reflejada con una superficial referencia a la diligencia (prontitud, cuidado en la ejecución de algo) de los sesenta parlamentarios.
Abundando en el encargo que nos hizo la Mesa de la Cámara, los componentes de la junta hemos decidido incluir en el catálogo de conductas, o pautas de comportamiento, exigir a sus señorías que muestren una actuación desinteresada, un aspecto, este último, que en ningún caso merece ponerse en duda por el hecho cierto de que los diputados estén tan interesada como felizmente remunerados. Esta junta de portavoces propone que en el pleno los grupos enmienden, a mejor, la prohibición de aceptar regalos por importe superior a los 99 euros. En este punto, cabe interpretar que la redacción de la norma abre la puerta a que se reciban dos, cuatro o diecisiete regalos de 99 euros o, en su caso, provocar que en los alrededores del Parlamento algún emprendedor abra una tienda de Todo a 99. Por lo demás, y en cumplimiento de la resolución de la Mesa, deseamos que este reglamento sea cumplido íntegra, transparente y responsablemente.
