Existe una máxima que se puede aplicar a todo aquello que realizamos en nuestra vida. Dicha máxima sugiere que el potencial que desplegamos en todo lo que vivimos nos influye, es decir, cualquier situación que vivimos nos cambia simplemente con el hecho de haberla vivido. Por lo tanto las personas nunca dejamos de aprender cosas y está claro que nuestra idea acerca de elementos esenciales nos influye en nuestra predisposición a aprender. Un claro ejemplo de ello es la gestión que hacemos del error.
Pero aún bajo la perspectiva de entender el error como un elemento que nos resta potencial, hemos aprendido a reaccionar con miedo ante las situaciones que marcamos como errores o fracasos. En definitiva, nos movemos bajo una premisa universal en nuestra vida: somos aprendices en constante cambio, lo que nos pone en una situación de ser personas en constante transformación o en crecimiento personal.
Es cierto que existen personas que abren las ventanas de su vida al disfrute de intentar conectar con todo aquello que inician pues interpretan la vida como un proceso constante de transformación. En este sentido nos encontramos con la teoría de la psicóloga Barbara Fredrickson, quien nos plantea que toda emoción positiva genera un cambio en nuestro entorno que potencia la posibilidad de abrirnos a la creatividad y el aprendizaje. Sin duda alguna tal hecho potencia la transformación de tu vida, pasando a vivir en una apatía total a entender que eres una persona con un potencial determinado.
Es probable que si desde pequeños no se nos brinda la oportunidad de identificar nuestra vida como una oportunidad se nos generará cierto grado de apatía que acabará convirtiéndose en un aburrimiento que no nos permite relacionarnos con la experiencia. Y es entonces cuando esa desconexión con nuestra realidad nos hace altamente improductivos a nivel personal.
Esto sucede en ocasiones por esa separación que marcan algunas personas entre alegría y nuestro potencial para abrirnos a la capacidad de aprender de cada situación con la que nos relacionamos.
Además, aquí, jugará un papel trascendental otra emoción positiva: la esperanza que nos ayuda a focalizar todos nuestros esfuerzos en la posibilidad de poder conseguir eso que denominamos éxito en la vida.
No hace falta decir que no todo lo que implementamos en nuestra vida tiene que ir relacionado con la felicidad inmediata o las vivencias positivas sin razón. Existen multitud de momentos que nos centrarán en el papel que juegan nuestras habilidades para gestionar la tristeza, el fracaso y todas esas emociones y pensamientos que se generan cuando las cosas no salen como nosotros pensábamos. La buena gestión de estos momentos es extraordinariamente importante para potenciar en nuestra vida elementos relacionados con la felicidad.
