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El congreso se divierte

Como se esperaba, el reciente Congreso del Partido Popular abordó los problemas fundamentales, las grandes cuestiones decisivas para el futuro de este país y de sus ciudadanos en los próximos años. La primera de todas, si la vicepresidenta del Gobierno podría expulsar de la secretaría general del partido a su fraternal enemiga

Como se esperaba, el reciente Congreso del Partido Popular abordó los problemas fundamentales, las grandes cuestiones decisivas para el futuro de este país y de sus ciudadanos en los próximos años. La primera de todas, si la vicepresidenta del Gobierno podría expulsar de la secretaría general del partido a su fraternal enemiga. Lo consiguió a medias, porque Cospedal seguirá desempeñando el cargo, aunque con sus competencias mermadas por un coordinador general que Mariano Rajoy se ha inventado. Por cierto, que la enmienda que prohibía la acumulación de cargos en una persona fue derrotada por solo 26 votos, con acusaciones de pucherazo y dimisiones en Castilla-La Mancha incluidas. La otra cuestión trascendental debatida fue suprimir de los estatutos el calificativo “militante” y sustituirlo en todos los casos por “afiliado”, porque, al parecer, “militante” es un calificativo de izquierdas. La Academia se acaba de enterar. La flamante presidenta de Madrid y del Congreso ya había retirado previamente su propuesta de primarias con la fórmula de un afiliado, un voto, después de que le aclararan los conceptos de pluralismo y democracia interna. Y el tema de la gestación subrogada, suscitado por Ciudadanos, se aplazó para un futuro debate. Por si no hay más remedio que afrontarlo alguna vez, se acordó la libertad de voto en cuestiones de conciencia y moral, al modo de los social cristianos bávaros, los cristiano demócratas belgas y los italianos, en su época.

En definitiva, un congreso a la búlgara de más de lo mismo, en el que Rajoy no ha permitido acometer una renovación cada vez más necesaria. Una renovación que pasaría, por ejemplo, por configurar una vicepresidencia sucesoria para Núñez Feijóo y una secretaría general para Cifuentes, hoy por hoy ciencia ficción. Aunque eso no impedirá que el presidente consiga agotar la legislatura e, incluso, repetir su victoria en las urnas. “Todavía puedo dar mucho más”, amenazó en el congreso. Paradójicamente, el congreso podemita, que se celebró también el pasado fin de semana, no fue a la búlgara. Dentro de la común religión leninista, se enfrentaron bolcheviques y mencheviques, y, una vez más, ganaron los primeros. Los mencheviques es que no aprenden. Los compromisarios y delegados en ambos congresos pudieron divertirse un poco, que nunca viene mal. No nos consta que vieran la película de Erik Charell. Y ni siquiera la de Géza von Radványi.

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