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Cosas de juicios

Acabo de ver en El Corte Inglés, y hoy lo voy a comprar, un libro editado por la Real Academia, con la colaboración del Consejo General del Poder Judicial, sobre literatura jurídica

Acabo de ver en El Corte Inglés, y hoy lo voy a comprar, un libro editado por la Real Academia, con la colaboración del Consejo General del Poder Judicial, sobre literatura jurídica. Es decir, un manual que trata de aconsejar a los jueces para que no cometan los disparates que algunas veces se pueden leer en sus sentencias, equivocando el sentido de las palabras o usando términos inadecuados en el lenguaje empleado. Lo hojeé y me pareció interesante. También en las vistas orales, en los juicios, se producen situaciones y hechos muy originales, que algunos autores han recogido en recopilaciones más o menos divertidas.

Es el caso de un fiscal de Tenerife, que calificó al mago como “un depredador”, o el de aquella madame que llevaron a juicio en Las Palmas y el fiscal le preguntó: “¿Y a qué hora cierra ese antro?”; a lo que la mujer respondió: “¿Y me lo pregunta usted a mí, don Fulano, si usted sale de allí todos los días a la hora que cerramos?”. En fin, situaciones cómicas que luego quedan para la historia. Pero me han enviado el extracto de un juicio, muy gracioso, que supongo que será verdad porque viene escrito en papel de la Administración de Justicia y todo. Pregunta del fiscal: “¿Es cierto que usted, el día de los hechos, se cagó en los muertos del denunciante, en toda su familia, en la puta madre que lo parió y en el cabrón de su padre, al igual que en toda la corte celestial?”. A lo que el acusado responde: “No, señor fiscal, todo eso es falso. Yo estaba tranquilamente trabajando en la fundición y en un momento dado le dije: Antonio, por favor, ¿no te das cuenta de que me has echado todo el acero fundido por la espalda y que eso produce una sensación muy desagradable?”.

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