el charco hondo

Emoción de censura

Siguiendo la descripción que Sherry Turkle hace de las relaciones de padres e hijos en el siglo de las redes sociales -En defensa de la conversación, lo titula-, en la sala de espera donde se sienta la oposición al Gobierno los grupos parlamentarios echan el rato tan hiperconectados como incomunicados

Siguiendo la descripción que Sherry Turkle hace de las relaciones de padres e hijos en el siglo de las redes sociales -En defensa de la conversación, lo titula-, en la sala de espera donde se sienta la oposición al Gobierno los grupos parlamentarios echan el rato tan hiperconectados como incomunicados. Así funciona esta extravagante moción de censura low cost que los tiene haciendo como que van de la mano, hablando, claro que sí, poniéndose de acuerdo en algunas cosas, faltaría más, pero sin mezclarse. Más o menos juntos pero bajo ningún concepto revueltos. La fragilidad de la oposición es aún más frágil que la fragilidad del Gobierno.

Se ha pasado de la moción de censura a la emoción de censura, dícese de cuando desactivada la posibilidad de la moción que algunos grupos parlamentarios intentaron optan por disimular su incomunicación mostrándose en público hiperconectados. Simulan que tienen al Gobierno cogido por las chácaras, y no. Están quietos porque absolutamente todo depende de lo que ocurra en el congreso socialista. Si ganan los del ¡no es no! Mariano Rajoy convocará elecciones sobre la marcha dejando al PP local sin la experiencia de sentarse en el Consejo; y si vencen los que brindan por la salud del bipartidismo posiblemente tampoco se sienten porque el entendimiento PP-PSOE les aguará la fiesta. ¿Y los Presupuestos Generales del Estado? Corean que en marzo llevarán el proyecto al Congreso, pero si se atascan acabarán prorrogándose y liberando a los ministros de los cacareados compromisos con Canarias. Al Estado le saldría barato. A Canarias muy caro. Todos los caminos, todos, conducen al congreso del PSOE. Los grupos parlamentarios (hiperconectados e incomunicados) se limitan a esperar, y el Gobierno a cruzar los dedos para que salga el presupuesto y para que el congreso socialista no les envenene el verano.

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