Nos llega de Alepo la buena noticia de que, a pesar de que la ciudad está destruida en gran parte, miles de familias están regresando en busca de sus casas y sus antiguos negocios, y las organizaciones humanitarias les están proporcionando comida, enseres, y hasta plásticos para tapar las ventanas sin cristales y protegerse así del frío. Es una buena noticia porque el retorno de los refugiados, su asentamiento en sus núcleos de población originarios y la puesta en funcionamiento de los servicios básicos de esos núcleos, es la única vía para detener las oleadas inasumibles de refugiados y, sobre todo, para parar la violencia, acabar la guerra y estabilizar de nuevo la zona.
Los regímenes árabes que la irresponsable política exterior norteamericana ha destruido formaban una barrera de protección, un dique que evitaba precisamente todo el horror que hemos desencadenado al volar esos diques. Y el único camino para extinguir ese horror, esa violencia y esa barbarie es reconstruirlos. A pesar de perder la guerra, el terrorismo yihadista seguirá actuando tanto allí como aquí, incluso más, y tendremos que seguir combatiéndolo. Las labores de reconstrucción de Irak y Siria necesitarán de ingentes cantidades de lucidez políticamente incorrecta y de dinero, que tendrán que aportar los padrinos del territorio, la wahabita Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo, de los sunníes, e Irán, de los chiíes. En Irak es necesario potenciar la actual separación física de las dos confesiones islámicas en sus actuales territorios, con capitales en Bagdad y Basora, consolidar el territorio kurdo en torno a Erbil, y garantizar en el norte zonas exclusivas de protección a los cristianos asirios y de otras confesiones y a los yazidíes, al modo de los drusos en El Líbano.
También es urgente solucionar con Irán y Kuwait el estrangulamiento de la salida al mar del puerto de Basora, que ha destruido su economía. Y en Siria es preciso adoptar medidas semejantes. Todo esto requiere negociar con Turquía sus compensaciones por permitir el triunfo del presidente sirio y un territorio kurdo contiguo a sus fronteras.
Sería bueno que Trump cumpliera su amenaza abstencionista y los norteamericanos dejaran de enredar en la zona y abandonaran la nefasta y suicida política de Obama. Así, la solución vendría de la mano del acercamiento de Trump a Rusia. Así, a lo mejor todavía habría esperanza para esos pueblos. Y para Europa.
