La foto publicada por este y otros periódicos en la que se puede ver a una familia sudanesa cruzando la nevada frontera de los Estados Unidos con Canadá, ayudada por agentes de la Policía Montada, ha dado la vuelta al mundo. Es una foto, sin duda, de premio. El agente canadiense, sonriente, levanta a uno de los niños que pudieron cruzar la frontera, en un despiste de la guardia fronteriza norteamericana, como una señal de triunfo, sin hacer caso a las peticiones de los vigilantes USA, que reclamaban su devolución. Sudán es uno de los países incluidos en la guerra particular de Donald Trump contra los musulmanes. Nueve miembros de esta familia lograron pasar a Canadá, por un control fronterizo, protegidos por la Policía Montada y entregados a sus autoridades, que probablemente atenderán el asilo de la familia, que residía hacía años en los Estados Unidos. Si ya no era lo suficientemente famoso este cuerpo armado, que viste chaqueta roja en su uniformidad de gala, la foto del agente con el niño en brazos será en el futuro su mejor cartel, todo un canto a la libertad. Mientras tanto, Donald Trump sigue arremetiendo contra la prensa, con una saña impropia de un presidente. Los norteamericanos sensatos se preguntan si el mastodonte rubio estará en la Casa Blanca a finales de año. Muchos republicanos que le votaron se hacen cruces con algunas actuaciones del presidente y ya dimitió -o no sé siquiera si aceptó el cargo- su consejero de Seguridad. Un auténtico desastre para EE.UU. y para el mundo entero la actuación de este empresario mediático metido a político. Aquí en España nos conformamos con que el Coletas se haya quitado de en medio a su examigo Errejón para meter a su novia (a la de Iglesias) en la portavocía de Podemos en el Congreso. En todas partes cuecen habas.
