Una de las grandes fobias de mi vida es el teléfono. Odio oír ese timbre insistente que no hace caso de los gritos que das desde el otro lado de la casa para advertirle de que te acercas a él. No hace caso, repite y repite, una y otra vez, sin parar. Odio el teléfono. Bueno, no el aparato en sí, el pobrecito no tiene culpa alguna de estar conectado a una línea que, en ciertos momentos, escupe un ruido agudo que estropea todos los tímpanos de las personas que se encuentren cerca de él. Odio el ruido que hace el teléfono… así está mejor.
Para evitar que mis nervios estallasen, en esa ocasión lo descolgué rápidamente para evitar hiperacusias.
“Soy yo, Juaní, tu amor. ¿No te habrás olvidado ya de ‘tu Juaní’, verdad?” “Como podría olvidarte, Juaní, la chica más guapa de Guadalajara”.
“Si, tu siempre con tus piropos y embelesos para con tus novias pero luego, si te vi no me acuerdo”.
“Por favor Juaní, ¿cómo podría olvidar aquellos paseos por la alameda cogidos de la mano, o cuando fuimos a ver la Ciudad Encantada de Cuenca y nos escondíamos tras las grandes rocas para besuquearnos?”
“Willy, te sigo queriendo igual y aunque han pasado algunas cosas que nos han distanciado, pienso que es hora de recapacitar y de comprender que seguimos amándonos el uno al otro y que por una tontería de nada nos arriesgamos a perder el tren de la vida. ¿Por qué no podemos volver a lo nuestro dejando atrás lo malo y reiniciando nuestro cariño?”
”Cierto, Juaní, sería un acto de lo más hermoso y bello, pero…”
“Si, Willy, ya sé que te fui desleal, que no infiel, pues mi amor ha sido igual y constante aunque saliese con aquel otro compañero del Instituto, al que tu llamabas ‘el Gordi’ porque estaba algo rellenito, pues siempre, siempre, al que he querido ha sido a ti.”
“Eso está olvidado Juaní, pero…”
“De verdad, de verdad, el que me vieras besándome con Pedrillo, al que tú llamabas el ‘Palillo’ porque era muy delgado, delgadísimo, se debió a una serie de circunstancias que serían muy largas de contar. Ya todo eso está olvidado y siempre, siempre, tú has sido mi verdadero amor.”
“Ni me acordaba del delgaducho de Pedro, muy buen estudiante por cierto, pero Juaní…”
“Me gustaría que te casases conmigo. Estoy sola, muy sola y sé que tú nunca dejarías a una mujer tan sola como estoy yo. ¿Por qué no comenzar de nuevo, Willy, mi amor?”
“Pues porque, entre otras cosas, no te he querido jamás, no me gustas, no tengo dinero, apenas oigo ni veo con claridad y voy a cumplir noventa años, si Dios quiere, el próximo verano.
Y colgué.
CÓMO ODIO EL TELÉFONO
