Este periódico ha informado sobre peleas de perros en Güímar y sobre una batida policial con varios detenidos, por organizarlas. A prisión con ellos. Estos animalitos, muertos en peleas despiadadas, merecen un respeto. Y los golfos que organizan las peleas, un castigo ejemplar. Si el ordenamiento penal no es lo suficientemente duro contra estos criminales, que se cambie. Las informaciones hablan de que mientras dos perros se destrozaban y uno de ellos moría, ellos celebraban una chuletada y apostaban por uno u otro. Roban los perros a sus dueños para entrenar a sus verdugos. No hay derecho. Esto se tiene que erradicar con todo el peso de una ley que es muy corta en penas y es absolutamente necesario que se endurezca. Si el nivel cultural de un pueblo se mide por el amor a los animales, el pueblo canario, y el español en general, está bajo mínimos. Ni se puede lancear a un pobre toro aterrorizado en las calles de un pueblo, ni se puede tirar una cabra desde un campanario, ni se pueden organizar peleas de perros. No hay derecho. Los animales no son los que pelean en un improvisado ring, sino los que organizan las masacres. A la cárcel con ellos. Este país tiene mucho de medieval todavía y de nada vale que se crea el no va más en Europa cuando persisten estas costumbres bárbaras, más propias de las huestes de Atila que de personas civilizadas. Da pena ver las fotos que ha publicado este periódico. Da tristeza la deshumanización que sufren algunas personas. Si tanto les gusta la sangre, ¿por qué no se dan mamporros entre los organizadores, en vez de sacrificar a animalitos indefensos que no han hecho daño a nadie? Perturbados, que son unos perturbados. Gente sin sensibilidad, que merece entrar en la cárcel una buena temporada, no el que roba una bicicleta. País de burros y de retrasados.
