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después del paréntesis

Rusia

Conforme confirmaban las noticias desde el pasado lunes, no es extraña la dimisión de Michael Flynn, el supremo consejero de seguridad de Donald Trump.

Conforme confirmaban las noticias desde el pasado lunes, no es extraña la dimisión de Michael Flynn, el supremo consejero de seguridad de Donald Trump. Tres semanas de gobierno del gran magnate, del que sospecha de la democracia, de la política y de la prensa, ese que se ganó la admiración en EE.UU. como presentador de telebasura, ha dado con la tecla del espectáculo presidencial en la nación más poderosa del mundo: muro de aislamiento con su vecino que costará unos 30.000 millones de dólares, insulto a países como Australia, alerta en China, nervios en Japón o Europa mosqueada porque no cree en los derechos individuales, en la intervención de los Gobiernos en materias sensibles (como la economía o la energía) o en las prestaciones sociales gratuitas (como la medicina, la educación…). Además, un juez de Washington le leyó la cartilla, en tanto (por más que no lo crea) nadie está fuera de la ley en su país y, mire por dónde, el gran militar, el gran general, el supremo guerrero que puso a funcionar en sus filas desde la campaña electoral ha tenido que dejar su puesto no por hablar con los rusos de lo que estaba prohibido hablar, sino por mentir, y no a la prensa, sino a su propio Gobierno.

Meritorio, se dirá. Más si recordamos lo que Michael Thomas Mike Flynn es: hijo de una respetable empresaria inmobiliaria y de un banquero, su formación fue extraordinaria: graduado en Ciencias, militar del cuerpo de entrenamiento, maestro en Administración de Empresas y Telecomunicaciones, maestro en arte militar y ciencia de mando, maestro en artes de seguridad nacional y estudios estratégicos, etc., etc.

¿Qué misterio encierra el hecho de que un soldado de esta graduación, de esta formación, de esta relación con las jerarquías de mando y de instrucción haya encontrado en Rusia su interlocutor?
Dos posibilidades: dinero para envejecer bien o ideología. Lo primero no, se confirma. Un ser formado en el Ejército de esa manera, no es probable que dé un paso a atrás en tal sentido. Queda lo segundo, y eso sí que es aterrador. El mundo se ha igualado. Los dos sistemas antagónicos, la estampa suprema del capitalismo y su contrario, ahora son amigos. Es decir, el semidictador Putin y el protodiós Trump se funden.

El mundo no solo ha cambiado, sujetos denigrantes como Donald Trump y los que lo rodean harán que nadie lo reconozca. Y eso ocurrirá si no hay nadie en este condenado mundo que ponga cada cosa en el lugar que le corresponde.

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