En apenas cuarenta y ocho horas Coalición tendrá otras cuarenta y ocho, este fin de semana, para convencer a un ejército de contribuyentes de que CC sigue siendo una herramienta útil, capaz y diferente. A CC le va la vida en ello. Necesitan que el común de los mortales, nacionalistas o no, siga creyendo en la utilidad y capacidad de Coalición; les urge que, afines o no, la gente continúe considerando que a las Islas les viene bien una tercera voz. No es cierto (no del todo) que la acumulación de años en el poder sea una carga letal; ahí está el PNV para desmentirlo. Si las cosas funcionan, si lo público ofrece respuestas razonablemente satisfactorias, el tiempo de permanencia en los despachos no pasa factura. Tampoco las propuestas o ideas tienen edad si son buenas, eficientes.
Otras deben ser las preocupaciones de CC. Sin duda, recuperar la centralidad que el PP les ha arrebatado, reconstruir los puentes con los socialistas, fluir con el PSOE para no estar en manos de Mariano Rajoy. Una centralidad que está emparentada con la transversalidad que tantas alegrías ha dado a Coalición en el transcurso de estas décadas. La prioridad de Coalición es calmar la atmósfera, silenciar el ruido que a veces alimentan, recuperar a los escépticos, huir del sucursalismo que les abona el PP, contar a quienes cruzan la calle o esperan en el semáforo que hay ideas, abrirse, recuperar la cobertura, ser creíbles. Malgastar el congreso con otros argumentos es caer en la nada de nada. Si el secretario general es éste o aquel es algo, a pie de plaza, anecdótico; llama la atención que solo José Miguel Barragán quiera cargar con el marrón, pero no deja de ser un aspecto menor. En apenas cuarenta y ocho horas Coalición tendrá otras cuarenta y ocho para demostrar (o no) que la utilidad, capacidad y oportunidad de CC no han caducado.
