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Cosas mías

Recuerdo, en Yakarta, el burdel más grande que he visto en mi vida

Recuerdo, en Yakarta, el burdel más grande que he visto en mi vida. Dudo que hubiera otro igual en el mundo. Yo acudí allí exclusivamente como periodista, para ver, por curiosidad, aquel hormiguero. No participé en sus actividades, sino que quería captarlo con mis ojos. Mucha gente me escribe o me comenta de palabra que lo más interesante de mis crónicas es que las cuento con gracia. Bueno, pues he estado en el interior de un reactor nuclear en construcción, he hecho acrobacias en un helicóptero, he pilotado un Caravelle, con la supervisión del mejor instructor que he conocido nunca, Alberto Cerezo, lamentablemente fallecido.

He estado a punto de morir, una vez, en un incendio en Tenerife; y otra vez en plena selva amazónica, con una cascabel en mi bota. Me sacaron dos gorilas en volandas de una discoteca de Nueva York porque, con una pajita, me dediqué a mojar de whisky el culo de unas chicas conejito que nos servían y que nos vacilaron bastante. Borracho, hice el ridículo en una cena de gala en Los Ángeles, haciendo uso de la palabra y largando disparates en presencia de invitados de alto porte. Un negro me apuntó con una pistola en N. Y. Cuando abrí los ojos, había desaparecido. Otra vez me meé comprando el periódico en un kiosco, porque se me aflojó el esfínter. En una ocasión me volví a mear (y es más comprensible) durante un discurso de Pepe Segura, en el que empezó diciendo “voy a ser breve”. Jugando de portero en el Juvenil Puerto Cruz me metieron diez goles. Y me retiré del fútbol. He volado en un avión con los dos motores parados sobre la isla de Tenerife y el aparato no entró en perdida, con Carlos Gómez y Alfonso García Bach, paz descanse, de pilotos. Era en un CN 235. Puedo seguir, si quieren.

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