Fernando Clavijo y Asier Antona están a un debate menos del abrazo final. A Coalición y al PP les queda un pleno menos para despertar al deseado día en que ambos partidos podrán por fin salir del armario para anunciar (quiéreteme, ahora sí) que se dan esas condiciones adecuadas en las que eufemísticamente se refugia el PP para disfrazar su calendario; condiciones adecuadas que, con el pre-pacto en avanzadísimo estado de gestación, ya solo pueden torcerse si un triunfo de Sánchez en las primarias socialistas precipita el final de la legislatura madrileña.
Clavijo, consciente de que necesita tener al PP bien adentro, ayer se limitó a hacer tiempo. Anuncios sin ficha o fecha, junto a objetivos, eslóganes o compromisos enunciados millones de veces por los presidentes anteriores, y musicalmente salpicados los párrafos de siempre por la poética del no hemos venido a hacer más de lo mismo, la tierra del cambio, la unidad nos hace fuertes o las islas de los iguales, ayer Clavijo estuvo a lo que está: a hacer tiempo. CC y PP están haciendo tiempo, dejando que pasen las semanas que les faltan para poder entregarse. Consciente de que para recuperar la centralidad que ha regalado al PP necesita volver a fluir también con el PSOE, el presidente tendió la mano, agradeció y dijo quedarse con lo bueno de los dieciocho meses compartidos.
Con Patricia Hernández creciendo como líder de la oposición (real) y aspirante a la secretaría general socialista, Asier Antona hizo un buen discurso de investidura como candidato a la vicepresidencia. Sabe el presidente que lo aprecio y más, se le escapó. Bajo la acidez de algunos verbos el ya líder del PP dio la pista definitiva. Estamos a tiempo de enderezar esta legislatura, proclamó mirando al presidente. Ya les queda menos. Ambos están a un debate menos del abrazo final.
