A raíz de lo aquí escrito, ayer, Si pierde Susana Díaz, algunas voces socialistas, ora militantes, ora cargos orgánicos e inorgánicos, han tocado en la puerta del whatsapp o al teléfono para afear lo argumentado en este charco hondo. Resumiendo, se dijo, y reitera, que si pierde Susana Díaz el PSOE será un lugar por el que sus votantes tradicionales pasarán camino de otra parte. Se dijo, y reitera, que el discurso de Sánchez aun pudiendo ser tentador no es ganador. Algunas voces sentencian que quienes así interpretamos la coyuntura socialista somos soldados del marianismo, guionistas de los poderes económicos o, ya puestos, agentes dobles al servicio de las majestades ministeriales.
O con Pedro o con el PP, mala cosa. La simplificación es tan tramposa como injusta, por no decir (digámoslo) que el tándem Sánchez-Iglesias es una bendición para la derecha que ambos alimentan electoralmente. Los militantes pueden apoyar a quien les plazca, con su fidelidad se han ganado acertar o equivocarse. ¿Los militantes quieren desahogarse o ganar las elecciones? Esa es la pregunta que deben hacerse, y ya saben que con Sánchez no ganan. Abonar el relato de que apoyar a Pedro es un acto de rebeldía frente al aparato resulta tan goloso como recordar que Sánchez solo se acordó de la militancia cuando empezó a tronar. Tampoco se sostiene el binomio abstención-rendición. Sin la abstención socialista el PP habría convocado unas elecciones en las que, gracias a Sánchez, del PSOE habrían quedado las espinas. A esas voces, a aquellos que asoman al teléfono o el whatsapp, cabe animarles a que acierten o se equivoquen libremente, faltaría más; y también a que respeten el derecho a acertar o equivocarse de quienes, lejos del marianismo, creen (creemos) que si gana Pedro Sánchez el PSOE será un lugar por el que sus votantes pasarán camino de otra parte.
