domingo cristiano

Un obispo, una Virgen y un Cristo

El obispo Cases ha sido muy, muy torpe al decir las cosas como las dijo. Pero no es un monstruo

El obispo Cases ha sido muy, muy torpe al decir las cosas como las dijo. Pero no es un monstruo. Sólo un engendro podría dolerse más de una dragvestida de Cristo que de la muerte de decenas de sus hermanos. Y no es el caso. El obispo de la Diócesis hermana de Canarias es un buen hombre, es limpio de corazón; ama, trabaja y llora por su gente como si hubiera nacido en La Isleta. Lo sé bien.

Insisto en que relacionar el dolor por esa blasfema mamarrachada en el carnaval canarión con el desgarro que le produjo el accidente de Spanair fue una grosería. Nadie le quita importancia. Desde luego, no se la quita el obispo que, desde que tomó conciencia de la interpretación que podía hacerse de lo que escribió, llamó a la presidenta de la asociación de víctimas del accidente para rogar que le perdonaran por su torpeza al expresarse.

“Siento profundamente el daño que les he ocasionado y me gustaría encontrar el modo de aliviarlo, si no es posible cancelarlo. Ese daño en ustedes es lo que más me duele y entristece de cuanto estoy viviendo estos días”, escribió el obispo Cases. Una disculpa de verdad: reconociendo el error de frente, sin estridencia pero con rotundidad.

Para mí, el capítulo “torpeza episcopal” queda cerrado. Aunque, dicho esto, subrayo la rapidez con que algunos periodistas y unos cuantos políticos empezaron la babear por el error de monseñor: les faltó tiempo para condenarlo al infierno laico. Y también me desconcertó la rapidez con que la Asociación de Víctimas del Accidente de Spanair lanzó una certera cuchillada al corazón del prelado. Qué rápido olvidaron las lágrimas que vertió por sus familiares, qué pronto olvidaron el sincero cariño con que les ha acompañado siempre. Qué triste todo cuando hasta los dolientes olvidan las verdades y se suman ala carnicería.

En cuanto al hecho en sí, lo de la drag vestida de Cristo y de María, pueseso, una mamarrachada. Los carnavales en Canarias jamás han sido eso. Nunca han faltado los disfraces de curas, obispos, monjas con las tetas al aire y todo el resto del ecosistema eclesial. Cierto. Pero esas burlas eran siempre conformes al ambiente genuino delascarnestolendas, cuandose puede hablar de todo y hacer chanza de todo. Esto que hemos visto ahora es distinto. Los disfraces de monjas y curas pueden gustar más o menos, pero nada tienen que ver con hacer de la Virgen María una puta y de Cristo un felador.Así no es el carnaval en Canarias.

Y hay más. Siendo las dragqueensunas personas que exigen respeto a su peculiaridad, a su diversidad, a sus particulares apetencias… sin duda el primer paso para hacerlo con autoridad sería respetar con la misma contundencia el resto de sensibilidades. ¿O aquí sólo hay que mostrar respeto por un tipo de diferencias, siempre las mismas, las de los mismos?

“Respeta para que te respeten”, me enseñó pronto mi madre. Yo seguiré respetando a las drag aunque me haya sentido profundamente herido por la imagen de su reina de este año. Pero el respeto, para que fructifique en entendimiento, tiene que ser un camino de doble sentido. Si no, es sólo palabrería. Y estos días ha habido mucha.

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