domingo cristiano

Un pene, una vulva y unos espumarajos

Me pongo a temblar cada vez que las comadres y los todólogos se sientan en la mesa camilla con pretensiones de escribir una tesis doctoral sobre lo que sea

Me pongo a temblar cada vez que las comadres y los todólogos se sientan en la mesa camilla con pretensiones de escribir una tesis doctoral sobre lo que sea. Ya se sabe: de enfermedades y de la Iglesia todo el mundo entiende.

Estas últimas semanas han venido cargaditas. De entre los temas al rojo vivo (que, por cierto, también es el nombre de un presunto informativo de La Sexta, aunque en realidad es un Círculo más de Podemos) entre la actualidad caliente -decía- lo que no termino de entender es por qué a la guagua color naranjito que promueve la distinción entre vulva y pene se la ha relacionado con la Iglesia. Hazte Oír es la asociación que la puso a rodar cuesta abajo y sin freno por los caminos de España. Se trata de una entidad completamente privada. No es una asociación ultracatólica ni, mucho menos, una asociación católica. Rotundamente, no tiene nada que ver con la Iglesia.

Y si algún creyente, consagrados incluidos, se siente cercano a sus ideales o proyectos, lo hace a título personal. Y si algún miembro de esa asociación dice que tiene la bendición, el visto bueno o el apoyo de la Iglesia, miente. Miente como un bellaco. O, peor, miente como un ideólogo. De hecho, en varias ocasiones la Iglesia ha dejado bien claro que Hazte Oír no es una asociación eclesial y que, por tanto, ninguna responsabilidad tiene sobre sus actos.

Esto lo saben perfectamente los políticos y los periodistas que han babeado insistiendo alto y claro en eso de “ultracatólica” y en aquello de “afín a la Iglesia”. Oye, pues en sus babas se ahogan, porque es falso como la falsa moneda. O, peor, como su falso amor a la verdad, a quien le ponen los cuernos casi a diario.

Sobre el fondo de la campaña, la distinción de sexos, no es éste el lugar donde profundizar. Hay temas que no se pueden despachar en dos renglones o en tres ladridos. En todo caso, lo indubitable es que en las formas es una campaña zafia, grosera y repugnante. Esto último lo digo porque, aunque considero que tienen todo el derecho del mundo a expresarse, hay que ser muy miserable para aparcar un bus delante de un colegio, a sabiendas de que habrá niños y niñas que estén tocados con ese tema y se van a sentir hostigados. ¡Que son niños, coño! Sobre el fondo, insisto, no entraremos aquí.

Comparto la teoría de que estos señores perpetran una mamarrachada cada vez que se saben irrelevantes para la sociedad o les flaquea la cuenta corriente. Y así no. Con esas formas, lejos de promover un diálogo sereno sobre una cuestión tan delicada y tan llena de aristas, lo que consiguen es crispar a la sociedad y que los espumarajos rabiosos sustituyan a las palabras y los argumentos.

A todas éstas, Pablo Ráez, con apenas 20 años se despide de este mundo enseñándonos a vivir. Y a morir. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”, dijo Jesús un día. Estoy seguro de que en ese momento pensaba en Pablo.

@karmelojph

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