Creo que fue la visión del tráiler de la nueva película protagonizada por Scarlett Johansson -por cierto, vaya cuerpazo- la que inspiró el contenido de mi propio sueño del miércoles al jueves. Eso, y los dos tranquimazin que me tomé para poder descansar, porque llevo días de locos. El argumento del sueño es que yo era escolta de Obama, pero un escolta un tanto especial; me acompañaba en esa tarea un conocido funcionario y abogado tinerfeño, compañero mío de colegio. Total, que el Servicio Secreto sabía de nuestra presencia en torno al ya ex presidente, pero el FBI, no. Y un agente del FBI se da cuenta de que soy hispano, por el acento, y de que no estoy en la nómina de la Oficina Federal de Investigación. Me retienen y me interrogan, en la misma base aérea militar a la que habíamos acudido, escoltando al presidente y al terrorista más buscado del mundo, un tipo flaco y con pinta de desgraciado, que había caído en nuestras manos. Yo iba armado, pero curiosamente no me llegan a quitar el pistolón que llevaba en un costado y sí una navaja con linterna con la que jugueteaba en la mesa. El interrogatorio fue de lo más pintoresco: que si tenía propiedades, que si llevaba acreditación de la Casa Blanca, que cómo había entrado en los Estados Unidos. Pero el final fue aún más de película. Obama, que había asistido al interrogatorio del nuevo Bin Laden pálido (no parecía árabe), sale del cuarto donde se había llevado a cabo el mismo, y los del FBI se ponen firmes. Entonces me ordena: “¡Vámonos!”. Los agentes se quedan de piedra y yo me marcho en un avión de la Fuerza Aérea USA, con mi compañero funcionario y el resto de miembros del Servicio Secreto. Fíjense hasta qué punto me están influyendo los acontecimientos, desocupados lectores.
Sueños de policías
Creo que fue la visión del tráiler de la nueva película protagonizada por Scarlett Johansson -por cierto, vaya cuerpazo- la que inspiró el contenido de mi propio sueño del miércoles al jueves
