al fin es lunes

Carme

Durante sus años de ministra e incluso antes me crucé con Carme Charcón por sitios alegres y tristes del mundo

Durante sus años de ministra e incluso antes me crucé con Carme Charcón por sitios alegres y tristes del mundo. En Afganistán, en Bruselas, en Madrid… La última vez que la vi en Madrid ella se bajaba de un tren que la traía de Barcelona. Habíamos viajado en vagones separados, ella acompañada de su único hijo, yo solo, atravesado por mil líos de los que viajamos de paso. Quedamos en vernos, en Madrid esta vez, pero la ventolera de los días rompió ese compromiso verbal. Y ya nunca más. Ya nunca más.

Ahora he recibido esa noticia de Nunca Más. Desde su aposento marino en Tenerife me la ha dado Carmelo Rivero; la noticia más seria que me ha dado en todo este tiempo en que llevo incorporándolo a mis andanzas verdaderas o ficticias por el universo que él me pidió que creara. Esta vez, sí, me voy a rendir a la realidad verdadera y voy a escribir de una persona que personifica una generación a la que se le ha dicho de todo en un país más de caínes que de abeles.

Ella fue diputada, ministra, madre; tuvo una cardiopatía congénita que es la que esta vez le rompió el corazón. Las circunstancias de esa muerte, esa soledad, tienen que ver con la simbología de su tiempo como política. Accedió al poder como miembro de una generación de avanzadilla, a medio camino entre el socialismo catalán y el socialismo español, y a medio camino de una carrera para la que tenía las más legítimas ambiciones. Sin embargo, el futuro se le fue segando, por unas cosas o por otras, y ahora, qué horror, se le ha segado del todo como consecuencia de una enfermedad que no le impidió ser, quizá, la mujer más entusiasta de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Su época, que duró tan poco tiempo, es la de un periodo de enorme ilusión política en España, en la que estuvo acompañada, entre otros, por el ilustre paisano y militante Pedro Zerolo. Éste murió también tan temprano después de conseguir algo que nunca le agradecerá bastante la vida libre de españoles y extranjeros que son más ellos mismos desde que la ley de igualdad los ampara.

Ella también fue una pionera de gran empuje, una mujer que no paró jamás, arreglando desaciertos propios o ajenos, poniendo en marcha una vida nueva cada vez que amanecía. Y amaneció al fin esa luz negra que segó su vida. Me llega la noticia muy lejos, enviada por Carmelo como un heraldo que no me pude creer. Pasa tantas veces con las noticias malas: parecen corresponder a otros, son como ajenos avisos de la vida. Y es verdad, ha muerto Carme Chacón, la ilusión perdida de un tiempo que tuvo épocas felices y que ahora ya corresponde a otros enderezar con el entusiasmo con el que ella se empeñó en la tarea.

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