La experiencia de cualquier cuadro le concierne a cada cual de distinta manera, entre otras cosas porque la imagen que nos devuelve una pintura es la del propio sujeto que se ve a sí mismo mirando el cuadro. Esgrimido este punto de partida por Pániker (otra vez él) cuando alude a lo que denomina la experiencia Rothko, el razonamiento vale para cualquier época u obra y, sin duda, también para los lienzos -de Manuel González Méndez- que presiden el salón de plenos del Parlamento canario. Retirar o tapar con cortinas los cuadros para que quienes ocupan los escaños no se sientan ofendidos (así lo han propuesto algunos diputados) retrata o dibuja una iniciativa que debe sonrojar a los promotores, a la Cámara; y colateralmente a cientos de miles de canarios a los que los parlamentarios han dejado en mal lugar a ojos del mismo país que un día llegó a estas Islas como solía llegarse en aquellos siglos, imponiendo, arramblando y sometiendo. Siendo tentador plantear una disposición adicional sugiriendo que tapen con cortinas a algunos diputados para no ofender a los contribuyentes, o preguntarse cómo es que no habían reparado en los cuadros quienes llevan sentados en el salón de plenos desde la conquista, el epicentro del dislate es la pretensión de reescribir el pasado de las Islas eliminando los capítulos dolorosos. La historia, salvo que se tenga una mirada waltdisneyana de la misma, resulta de sumar de episodios trágicos y felices, honrosos y deshonrosos. Eliminar los que duelen tiene la lógica de un cuento infantil, alejándonos así de la realidad que nos ha traído hasta aquí. Dar por bueno el hilo argumental de los parlamentarios obligaría a cerrar miles de salas de los principales museos. Otros son los lienzos que deben herir la sensibilidad de los parlamentarios, por ejemplo los cuadros que cuelgan en la cola de las oficinas de empleo.
Cubrir con cortinas a los diputados
La experiencia de cualquier cuadro le concierne a cada cual de distinta manera, entre otras cosas porque la imagen que nos devuelve una pintura es la del propio sujeto que se ve a sí mismo mirando el cuadro
