El primer síntoma de que el día 16 de agosto cumpliré 70 años es el tremendo empacho que me agarré esta semana -no me pregunten por la causa-, que me tuvo postrado parte del sábado y todo el domingo. El domingo sólo pude comerme un yogur, dos tostadas con mermelada y zumo. Vi fútbol, porque las películas de la tele me aburren, y ayer lunes me quedé todo el día en casa, porque todavía no estaba bien. Pasé dos noches de tortura, medicado y postrado. Esto es raro en mí, que tengo un estómago de piedra, pero, claro, a fuerza de abusar de él ya está pidiendo auxilio. También hay que tener en cuenta la energía negativa que mis muchos enemigos ejercen sobre mi persona, y aunque estoy inmunizado con patas de conejo, amuletos de distinta procedencia y filtros cubanos, algo se escapa. En fin. Como el otro día, el domingo, les hablé del desastre de Venezuela, insisto: ya saben que el Supremo se ha vuelto atrás, ha prevaricado y ahora quiere revocar su propia sentencia. Esto no pasa sino en Venezuela. La fiscal general, quizá para reivindicarse de tanto desmán que ha cometido (incluso amañando el proceso contra Leopoldo López) ha criticado el autogolpe y ahora la Asamblea quiere destituir a los magistrados que urdieron la trama, con el presidente del TSJ a la cabeza, el excondenado por asesinato y expolicía, Maikel Moreno. La Asamblea debe asumir sus poderes y destituir a Maduro, amedrentado y escondido en Fuerte Tiuna, que no ha sido capaz de salir a dar la cara en toda esta locura. Mi delicado estado de salud no me ha impedido, este fin de semana, seguir con verdadero interés lo que está pasando en Venezuela, que es sencillamente vergonzoso. A ver qué nos deparan los próximos días.
El primer síntoma
El primer síntoma de que el día 16 de agosto cumpliré 70 años es el tremendo empacho que me agarré esta semana -no me pregunten por la causa-, que me tuvo postrado parte del sábado y todo el domingo
