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Gibraltar español

Los que tienen mi edad, es decir, los que son ya viejos, recordarán a un cantante que se llamaba José Luis Martínez Gordo. Era conocido como José Luis y su guitarra

Los que tienen mi edad, es decir, los que son ya viejos, recordarán a un cantante que se llamaba José Luis Martínez Gordo. Era conocido como José Luis y su guitarra. Y una canción suya, sobre todas las que compuso, hizo fortuna y le dio sus buenas perras. Él era un oficinista, que tocaba la guitarra más o menos. La canción se titulaba Mariquilla bonita, pero luego se vino arriba con las arengas del viejo general desde el palacio de Oriente, sobre la Pérfida Albión y otras zarandajas, y compuso otra canción que tituló Gibraltar español. Para qué fue aquello. Con la euforia de los viejos tiempos, la cantaba todo el mundo. Doy una idea al ministro Dastis: que alquile una buena megafonía, la instale en el Campo de Gibraltar, con las bocinas hacia el Peñón, y que se la ponga a los llanitos, día y noche, 24 horas. Si ahora vamos a empezar con la bobería del Peñón, apaga y vámonos. Gibraltar tiene hoy un ministro principal muy borde y medio zote, un tal Picardo, un lebranche que vive en la Costa del Sol. Y, sin que nadie lo haya invitado a la fiesta, ha hurgado en la vieja herida, tras el brexit. Aquel general, cada vez que se levantaba de mala leche, les cerraba la verja a los gibraltareños y a tomar por culo, Eran otros tiempos, hombre. Ahora los británicos, que tuvieron la habilidad de disfrazar de almirantes a piratas como Nelson y Drake, entre otros, no nos van a mandar la Royal Navy, como propone el tory loco desde Londres. Si España cierra la verja, se acabó. Se mueren de asco ahí dentro. El caudillo decía aquello de que la Roca era “como la fruta madura que se cae del árbol”. ¿Pero para qué coño queremos Gibraltar? ¿Para que el moro se entusiasme y pida las Canarias?

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