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Mi Semana Santa

Es curioso, pero para mí la Semana Santa del Puerto de la Cruz era la mejor del mundo. Me refiero a las procesiones. San Juan, que es el comodín, sale todos los días.

Es curioso, pero para mí la Semana Santa del Puerto de la Cruz era la mejor del mundo. Me refiero a las procesiones. San Juan, que es el comodín, sale todos los días. Y también la Virgen de los Dolores, que la del Puerto es de Luján Pérez, uno de nuestros más importantes imagineros. Los santos del Puerto no son nada del otro mundo, pero la Virgen más guapa, que no aparece en Semana Santa sino en sus fiestas patronales, es la del Carmen. Su creador, Acosta, se inspiró, al esculpir su rostro, en una prima suya de la que estaba enamorado. Esto no lo sabe casi nadie. A mí me lo contó una hija de la mujer que inspiró la imagen. Yo era hermano del Santísimo, como lo fueron mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre. De vez en cuando me ponía la opa de color granate y salía en procesión con la redoma, en compañía del resto de los hermanos presentes. Hay leyendas urbanas sobre la dimensión erótica, sobre todo de las procesiones de La Laguna. Se dice que un hermano y una hermana desfilaban tan juntos y tan pegados que se entusiasmaron y, extasiados, recorrieron solos, a lo suyo, un tramo por el que no circulaba la procesión, él en funciones de “rabino”. Se cuenta también que a un capuchino descalzo se le metió el dedo gordo de un pie en el rail del tranvía, se le hinchó por el roce, no lo podía sacar y tuvo que llegar, con el capirote y todo, hasta Tacoronte, que era donde terminaba la vía. En fin, que la Semana Santa, con ser de pasión, inspira chistes y anécdotas probablemente apócrifas a los cachondos. Yo voy al Puerto, a ver la procesión magna, del Viernes Santo. Me retrotrae a mis tiempos de niño, cuando temía la mirada de Simón Cireneo, que tiene cara de muy mala leche.

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