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Salir a la calle

Esta Semana Santa no he salido a la calle. Bueno, sí, a Supercor, a comprar la comida de los perros, coca-cola y agua. Estanterías vacías, debe ser que muchos pensaron lo mismo que yo. Me he pegado al televisor, a ver procesiones.

Esta Semana Santa no he salido a la calle. Bueno, sí, a Supercor, a comprar la comida de los perros, coca-cola y agua. Estanterías vacías, debe ser que muchos pensaron lo mismo que yo. Me he pegado al televisor, a ver procesiones. Cosas de viejo, supongo. En casa me entero de que Bernardo el obispo está malo; se recupera de una dolencia y espero que vaya todo bien. En casa veo el fútbol, me pongo nervioso, me tranquilizo luego y leo. Las calles están desiertas, pero los restaurantes me dicen que siguen llenos. Es una cosa curiosa: la gente va a comer y vuelve a casa, al vicio de la tele. He escuchado con mucha atención al papa Francisco y he visto con preocupación el boicot de los gamberros a la Semana Santa en Málaga y Sevilla. Yo me imagino quien les paga. Y estos que les pagan, en España, políticamente, tienen muy poco futuro. En fin, que no lo sé fehacientemente, pero me lo imagino.

La autoridad ha mandado a retirar banderas republicanas de centros oficiales. Ha hecho bien la autoridad judicial, esto no es una república, sino una monarquía. Se cae de maduro. Cuando sea algún día república, si lo consiguen los republicanos, pues cambiará la constitución y cambiará la bandera. Pero, mientras tanto, toca la otra, la bandera legal, a la que es preciso respetar. Los catalanes han bajado fuelle. Se ve que entrar en la mazmorra no mola. No es la primera vez que presionan, ya lo hicieron en tiempos más difíciles y no lo consiguieron. La Semana Santa se acaba hoy, domingo de resurrección. Mañana les toca a ustedes volver al curro; a mí no, porque un servidor es un jubileta. Y a mucha honra. Iré a comprar el pan, con el chándal gris marengo puesto, como cada día.

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