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Santa Cruz ‘la nuit’

Perdona, Pimentel, que te hurte el título durante menos de treinta líneas. Una amiga se mete en mi tristeza y me quiere enseñar un Santa Cruz alternativo, que a lo mejor existe pero que yo no lo noto.

Perdona, Pimentel, que te hurte el título durante menos de treinta líneas. Una amiga se mete en mi tristeza y me quiere enseñar un Santa Cruz alternativo, que a lo mejor existe pero que yo no lo noto. Un karaoke, un restaurante, un portarrollos de papel higiénico con rastros de coca. Al regreso, un mirlo despistado que, de madrugada, confundiendo la hora de su canto, vaga por los raíles del tranvía. Yo no quiero salir con amigas de mi edad que sólo me cuentan sus dolores en las piernas y sus mareos. Yo quiero echar la vista atrás y volver a los años felices, hace sólo nueve, o por ahí, porque todo lo que veo ya no me interesa, ni el Santa Cruz la nuit que le robé a Paco Pimentel, ni el alternativo que mi amiga me quiere enseñar, y se lo agradezco, pero que no existe.

Nadie se puede meter con éxito en mi tristeza, porque ella ya no está y yo seguramente morí con ella, aunque viva mis años irreales, que no cuentan para nada en mi biografía. Siento trasladarles esto. Escribo de madrugada y he consumido dos gin-tonics que alguien llama “Puerto de Indias”, o algo así. Sabe bien, tienen fresas. En el karaoke suena la canción de Perales, “¿Quién es él?/¿en qué lugar se enamoró de ti?”, que es lo que su amiga Isabel le preguntó a Loli cuando nos reventó el amor, en una sola noche. Y así pasan los días, lentos o rápidos, que da igual. Ya no está La Yarda para comprarle a la china luces de colores que puse en su cabeza, en su cuello, en sus muñecas. Solo quedo yo, perdido en un mar de canciones sin sentido que me trae la noche de 300 palabras que le he robado a Pimentel, que también se ha ido.

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