Addoor Sticky
superconfidencial

Una medalla

El domingo pasado compré, en el rastro, una medalla al Mérito Militar, con distintivo blanco, por 20 euros. Ignoro a quién pertenecería esta condecoración, que estaba impecable.

El domingo pasado compré, en el rastro, una medalla al Mérito Militar, con distintivo blanco, por 20 euros. Ignoro a quién pertenecería esta condecoración, que estaba impecable. Sigo sorprendiéndome, cada domingo, de lo que encuentro en esta enorme exposición de las cosas más variopintas, que se extiende por las calles aledañas al mercado de Nuestra Señora de África.

Hubiera comprado también una antiquísima máquina de escribir de 1900, pero el carro no corría y me pedían 100 euros, así que lo dejé para mejor ocasión. En el rastro, si te interesa algo, cómpralo enseguida porque si dudas te lo quitan, llega otro y te deja sin el objeto que deseabas adquirir. Regatea, pero sin marcharte del lugar. Poco a poco me he ido familiarizando con los puestos y con la particular forma de ser de los vendedores. Pero sí, se encuentran cosas muy curiosas, aparatos electrónicos antediluvianos; juguetes antiguos, en sus cajas originales.

Hace poco compré un recipiente rectangular de hierro, que tenía una inscripción en su parte superior que decía: Bruselas. Lo mandé a restaurar -tengo un amigo que es un manitas- y ahora luce como los chorros del oro. ¿Saben qué era? Pues un molde para fabricar adoquines de cemento. ¿Año? No lo sé, pero desde luego de principios del XX. Parece una caja fuerte, pero no lo es y se abre y se cierra con dos tornillos laterales. Hay quedado muy bonito y forma parte de mi chatarrería personal. El rastro de Santa Cruz es una caja de sorpresas y donde encuentro las mejores cosas es en la explanada de San Carlos, donde hacían instrucción los sorchis de entonces, casi bajo los laureles. Hay de todo, procedente de derribos de casas. Los dueños lo dejan todo dentro y los buscadores de tesoros están al acecho. Es muy entretenido este sitio.

TE PUEDE INTERESAR