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Apretón y libros

Sólo pude llegar al stand del Cabildo, en la Feria del Libro, porque me dio un apretón y el tiempo justo para llevarme los Versos escogidos, de Gutiérrez Albelo, y el catálogo La isla surreal

Sólo pude llegar al stand del Cabildo, en la Feria del Libro, porque me dio un apretón y el tiempo justo para llevarme los Versos escogidos, de Gutiérrez Albelo, y el catálogo La isla surreal: Óscar Domínguez y Juan Ismael, así que me quedé con las ganas de feria. A ver si hoy me da tiempo. Con las prisas del caso, sólo pude saludar a Teobaldo Pérez Arnay, fiel lector, y a mi compañero Tinerfe Fumero, que venía de hacer una entrevista. Llegué al Mencey con el tiempo justo, he de reconocerlo. Bendito Mencey.

Que sería de uno, a esta edad, sin el Mencey y el excusado del Casino de los Caballeros, que es otro aliviadero de lujo; y agradecido que se queda uno con esas cosas. Ustedes perdonen la escatología, pero si no cuento lo que me pasa, reviento, y nunca mejor empleada la expresión. Agradezco los elogios de Teobaldo, que sabe mucho de fútbol antiguo, fútbol de mis tiempos y aún de los anteriores a los tiempos míos. A mediodía, también en el Mencey, un rato con dos asistentes mañaneros a la feria, Juan-Manuel García Ramos y Aurelio González; y el Día de Canarias se me fue en un plis/plas, casi sin tiempo para ver por la tele el acto institucional, durante el que se entregaron tropecientos premios. Sí pude firmarle una gráfica a mi admirado campeón del mundo Miguel Velázquez (él me había firmado otra foto a mí). Mucha gente en la calle, alguna vestida de mago, y otros magos sin vestirse de gente, sino como ellos van siempre. Bajaba de los altos y de los barrios, que casi todos son altos también, por la orografía de la capital. Con el apretón, y eso, se me olvidó mandar a tiempo el artículo al periódico, así que escribo deprisa y corriendo para que llegue. Prisas fisiológicas.

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