el charco hondo

Cuando los voladores caen al suelo

No hay borrachera sin resaca ni exhibición pirotécnica sin voladores que acaben precipitándose, ya apagados, sobre el suelo

No hay borrachera sin resaca ni exhibición pirotécnica sin voladores que acaben precipitándose, ya apagados, sobre el suelo. La hipnosis que alimentan los fuegos artificiales cuando colorean el cielo tiene, como los episodios de euforia que hidrata el alcohol, el después; y ese después, lo que viene cuando acaban las copas, las tracas o la exaltación presupuestaria del PP es la realidad. Siendo tremendamente previsible que la pirotecnia del PP aproveche la inminente visita de Rajoy para revender (faltaría más) los presupuestos generales del Estado, no estaría mal que lejos de alunizar (o alucinar) aterricen cuanto antes en el después, en la realidad de unas islas que ni por asomo tienen resueltos los enormes problemas de financiación que arrastran y que, siendo así, difícilmente pueden permitirse la rebaja de impuestos que al venirse arriba ha propuesto el PP. Solo dando por cierto que los presupuestos estatales van a poner el punto final a la falta de recursos (premisa falsa, a todas luces) podría considerarse tal exigencia, y no es el caso. No se lo puede permitir la comunidad. Ni los cabildos. Ni los ayuntamientos. No nos lo podemos permitir mientras la modificación del sistema de financiación siga acampada en la patria de la incertidumbre. Cuerpo a tierra. Bajo los fuegos artificiales de las últimas semanas se mueve un archipiélago en el que uno de cada tres hogares llega con la lengua fuera a fin de mes. Una tasa de riesgo de pobreza del 35% que asciende al 44% si se le suma el de exclusión social, una proporción de ciudadanos que no tienen capacidad para afrontar imprevistos que ronda el 60% o, entre otros dolores, una respuesta aún insuficiente en Dependencia u otros servicios básicos, aconsejan abandonar los excesos pirotécnicos de estas fechas y afrontar con realismo nuestro después. Deben aterrizar cuanto antes.

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