Pippa McManus, una niña de 15 años, decidió quitarse la vida tirándose a un tren después de haber padecido tres años de anorexia y tratamiento psiquiátrico. Sus padres, Marie y James McManus, habían expresado su desacuerdo sobre el alta médica de la clínica Priory privada, pero denuncian que los médicos no les dejaron otra opción.
“Pip pasó los últimos tres años luchando contra la anorexia, desnutrición, depresión y autolesión. Creemos que los fallos en el cuidado de nuestra hija desde el principio fue la causa de su muerte”, lamenta la madre, quien añade que “se necesita un tratamiento efectivo rápido y si esto hubiera estado disponible tal vez ella todavía estaría viva”.
La adolescente, que llegó a pesar 27 kilos, comenzó a obsesionarse con la grasa en 2012, preocupándose por la comida en exceso y practicando ejercicio de una forma “fanática”. Además, se había autolesionado en varias ocasiones y amenazaba continuamente con suicidarse durante los últimos meses que estuvo ingresada en la clínica privada.
Según asegura uno de los médicos al diario ‘Daily Mail’, la anorexia de Pippa McManus ha sido el caso “más severo” que ha tratado ya que, a pesar de la extrema delgadez de la niña, encontraron cuchillas escondidas dentro de un oso de peluche.
Pippa regresó a casa en febrero de 2015, pero su familia vivía alarmada por las continuas cartas de despedida de la joven: “No puedo luchar contra la anorexia más de lo que he hecho. Lo he intentado, pero me ha ganado”.
Según el jurado que ha evaluado la investigación, la decisión de darle el alta a la adolescente enferma fue correcta, aunque no el plan llevado a cabo por los servicios de salud mental.
Desde su familia siguen considerando que “la muerte de la Pippa ha expuesto un sistema de salud mental que empuja a través del alta a una niña muy vulnerable sin ningún tipo de apoyo en lugar de asegurarse de cuidarle”.

