No voy a meterme en profundidades, sino que lo diré con cierto humor. A la vista de cómo está el país, cada español debe comprarse un cepillo de dientes y un frasquito de colutorio y metérselos en el bolsillo, por si tiene que ir “parriba”. “Parriba” es la cárcel, aunque para algunos será “pabajo”. Este país ha caído en una dinámica peligrosa y curiosa al mismo tiempo. Cada español es un presunto delincuente y mientras nos quejamos de que, en Venezuela, Maduro ha impuesto un clima de terror, aquí existe una mosca generalizada que te cagas. Yo entiendo todos los miedos, incluso el de la prensa a los jueces y fiscales, pero me da que, como siempre, la izquierdona pretende ganar en los juzgados lo que no ganaría nunca en las urnas. Y eso crea un clima feo entre la gente, casi un clima de pánico. Hombre, el que no haya hecho nada malo puede estar tranquilo, pero también es cierto eso de que cualquier escribano comete un borrón. Después de tantos años de profesión, la verdad, nada me sorprende y estoy reticente hasta a comentar sentencias, las proporcionadas y las desproporcionadas. Me he enfrentado tantas veces a los poderes que estoy cansado de mi papel de Llanero Solitario. Se acabó; y como todo el mundo dice que soy muy gracioso cuando escribo, pues les haré gracias para que ustedes compren el periódico y se rían. “¿Dónde va tu abuela por el pasillo con el Financial Times en la mano?”, le pregunta un amigo a otro. “Pues teniendo en cuenta que mi abuela no entiende ni papa de economía, y además no sabe inglés, me da la impresión de que va a cagar y que ha cogido el Financial Times para limpiarse el culo”, le respondió el nieto. Pues eso.
El cepillo de dientes
No voy a meterme en profundidades, sino que lo diré con cierto humor. A la vista de cómo está el país, cada español debe comprarse un cepillo de dientes y un frasquito de colutorio y metérselos en el bolsillo, por si tiene que ir “parriba”.
