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¿Era domingo o lunes?

Ayer, ¿era domingo o lunes? Era tan lunes que me olvidé de enviar al periódico el artículo que siempre escribo los domingos, para que salga el martes

Ayer, ¿era domingo o lunes? Era tan lunes que me olvidé de enviar al periódico el artículo que siempre escribo los domingos, para que salga el martes. Me di un paseo por el Puerto, comí en un excelente restaurante del Callejón Cagado, también llamado calle de La Verdad, y paseé a Happy, la perrita de mis hijas, como un Alfredo Landa cualquiera. El Puerto estaba lleno de gente, pero no sólo de la tercera edad, sino de parejas jóvenes y de grupos de colegiales de viaje de final de curso. Si al Puerto se le da un baño puede quedar muy bien; se lo dije el otro día al alcalde, Lope Afonso. Y me dio ánimos porque dice que las cosas están cambiando. El Puerto tiene algo fantástico: la seguridad. Es una de las ciudades turísticas más seguras de Europa, con un índice de delincuencia bajísimo. Y esto se nota. Y la gente lo valora muchísimo. Sólo estaban en funciones acuáticas los surfistas, que esos, como van con tabla, no le tienen miedo a las olas. Había muchos en Martiánez. Tengo a Martiánez muy fresco, ahora que estoy escribiendo un libro sobre la familia Morgenstern. Cuando me encargan algo de este tipo, una crónica familiar, un libro de viajes, me inspiro paseando por los rincones en donde tiene lugar la trama. A mí es que el Puerto me entusiasma no sólo porque nací allí -aquí, porque les escribo desde el Puerto-, sino porque tiene un sabor especial, igual que lo tiene Sevilla, según Los del Río. En fin, que pasé un lunes muy entretenido, creyendo que era domingo, o al revés, que no lo sé. A última hora llamé a Carmelo, preocupado: “¡Coño!, que no te he mandado el artículo”. Y aquí está.

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