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Hipocresía democrática

La dictadura de lo políticamente correcto se ha instalado en las democracias, y no solo en la española

La dictadura de lo políticamente correcto se ha instalado en las democracias, y no solo en la española. Ciertas obviedades y verdades evidentes por sí mismas no pueden ser proclamadas en público. Y si alguien se atreve a hacerlo, y tiene la desgracia de ser grabado y de que se publiquen las grabaciones, estalla el escándalo, y el políticamente incorrecto se ve obligado a retractarse e, incluso, a pedir perdón. Todo esto, además, le concede un enorme poder a los medios, que, en función de su sesgo político, pueden decidir si publican o no tales grabaciones, y cuándo lo hacen.

El penúltimo episodio lo ha protagonizado Miguel Ángel Heredia, hombre de confianza de Susana Díaz, secretario general provincial de los socialistas malagueños y número dos del PSOE en el Congreso como secretario de su Grupo parlamentario. La grabación de sus palabras políticamente incorrectas ha sido difundida hace poco por El Mundo, aunque corresponden a una intervención de Heredia meses atrás en una reunión con unos treinta miembros de la Juventudes Socialistas malagueñas, poco después de la defenestración de Pedro Sánchez por su Comité Federal. Quizás su declaración más incorrecta políticamente fue la revelación de que desde el mundo sindical le llegó el aviso del acuerdo de gobierno de Pedro Sánchez con Podemos y los independentistas catalanes, lo que, en definitiva, causó aquella defenestración.

Una de sus manifestaciones cuestionadas es la afirmación de que los populares son los adversarios de los socialistas, pero su enemigo es Podemos. ¿En dónde está la maldad de tal afirmación? ¿Alguien duda de que es verdad? ¿Alguien duda de que el PP y el PSOE están en el sistema y Podemos fuera, y que desde fuera intenta destruir al partido referente de la izquierda, como ha hecho con Izquierda Unida? Otra declaración se refiere al PSC, del que Heredia dice -coloquialmente- que habría que “disolverlo”. Pues bien, también es evidente que el partido de los socialistas catalanes supone un grave problema para los socialistas españoles, cuyo partido no existe en Cataluña, porque el PSC no respeta la política del PSOE, sigue su propia política, por ejemplo en la cuestión catalana, y, sin embargo, interviene en la dinámica interna socialista y condiciona sus decisiones.

Otras afirmaciones de las que Heredia ha tenido que retractarse son que “tiene que lidiar con un Grupo parlamentario endiablado” (¿alguien duda de las graves fracturas internas de ese Grupo y de todo el partido?), y de su amargo reproche a la diputada Margarita Robles, que, sin estar afilada, anda propugnando la participación de la militancia. Salvo el insulto -coloquial-, que, evidentemente, sobraba, ¿en dónde está la maldad de reclamarle a la jueza que, antes de opinar sobre el funcionamiento del partido, se afilie al mismo? El problema es que en nuestra política no conviene -no se puede- decir la verdad. Y el que la dice, la paga.

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