La naturaleza de la violencia (maldita sea) es siempre adulta. Cosa diferente es que en colegios o institutos -ahora, antes y siempre- la violencia incruste su veneno en cuerpos tempranos. No hay violencia infantil porque la violencia nunca fue niño. La violencia nace mayor de edad, ya herida, empapada de fracaso, miseria, rabia y frustración. Y a veces, como días atrás, logra que los niños dejen de serlo para agredir, perseguir, humillar. Ni hay crímenes pasionales (la pasión es otra cosa) ni hay violencia infantil o juvenil porque a niños y adolescentes esa violencia les llega adulta, ya construida, sembrada, incubada en otras realidades que se cuelan en su niñez o adolescencia. Cuando la violencia entra los niños salen, dejan de serlo para transformarse en otra cosa, en adultos transitorios, en cuerpos entumecidos por la lluvia fina que cala en sus entornos familiares o tribales. La mal llamada violencia infantil no se combate reforzando la seguridad, se ataca cambiando los espejos, logrando que a ojos de los miembros de la tribu los agresores pasen de héroes a villanos, de líderes a perdedores, de valientes a basura. Hacen bien los gobiernos movilizándose. No está de más multiplicar la observación, abrir los ojos, incrementar la atención, rebelarse, combatir el fracaso colectivo que firma la violencia en edades tempranas (mejor así, evitando catalogarla como violencia infantil). Deben los medios -debemos- poner el foco sobre situaciones teñidas de tristeza, agresividad e impotencia por parte de los chiquillos que lo sufren, de padres y amigos. Hay que desprestigiar a los acosadores prestigiando entre niños y jóvenes otros ejemplos, otros liderazgos, otras referencias. Hay que arropar a las víctimas alimentando atmósferas de respeto que les sean favorables. Hay que desprestigiar la violencia, debilitarla fomentando su mala reputación, levantar un cortafuego para que no queme a las víctimas, y tampoco a los verdugos.
La violencia no tuvo infancia
La naturaleza de la violencia (maldita sea) es siempre adulta. Cosa diferente es que en colegios o institutos -ahora, antes y siempre- la violencia incruste su veneno en cuerpos tempranos.
