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editorial

Las primarias del PSOE y el Gobierno de Canarias

Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, durante el debate televisivo que mantuvieron esta semana con vistas a las primarias del domingo. Europa Press

Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, durante el debate televisivo que mantuvieron esta semana con vistas a las primarias del domingo. Europa Press

… Las primarias del PSOE convierten este domingo en una fecha clave en el calendario de Europa, de España y, como veremos, de Canarias en particular.

Nada escapa al interés por descubrir hoy la identidad de quien asuma el timón socialista, pues despejará incógnitas relevantes sobre la inestable situación política española. Y canaria. En esta jornada sabremos si el PSOE que se perfile para el 39º Congreso federal ordinario de junio será, de antemano, partidario, como Podemos, de una moción de censura contra Mariano Rajoy, o no se cerrará en banda a un posible entendimiento con el Partido Popular, que gobierna gracias a su abstención en la investidura de octubre. Estaremos, por tanto, en condiciones desde hoy mismo para pensar en hipótesis que se nos resistían dada la vacante de Ferraz. Una vez el liderazgo del PSOE definido, podremos deducir si la legislatura promete ser corta o duradera, si habrá un adelanto electoral y hasta una posible alternancia alentada por el grueso de la oposición ahora dividida. Inevitablemente, sobresale en la cascada de consecuencias de las primarias socialistas la de índole ideológico para consumo interno del PSOE, dada la profunda división existente en el partido y la crisis de la socialdemocracia europea, agravada en las elecciones de Francia. La incertidumbre del efecto Corbyn en el laborismo británico, desde que el candidato más radical se impuso en las primarias de septiembre de 2015, obliga al PSOE resultante a cerrar filas o errar hacia la nadería.

Al igual que el porvenir político del Estado se verá salpicado hoy por las urnas intestinas del PSOE, Canarias no escapa a lo que irradie la personalidad del nuevo líder que resulte elegido. En efecto, como dijo esta semana el vicesecretario popular Javier Arenas en su viaje a Tenerife, Canarias está de moda. Las Islas son objeto estos días de un seguimiento informativo nacional insólito, pues dos votos de partidos canarios –y en particular el llamado voto 176- resultan determinantes para la aprobación, en junio, de los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno del PP ha hecho de la necesidad virtud, y, a juzgar por las declaraciones efectuadas a DIARIO DE AVISOS por el propio Rajoy este mismo mes, centra todos sus esfuerzos en consolidar para el resto de la legislatura esta mayoría de 176 escaños en una especie de pentapartido (PP, Ciudadanos, PNV, CC y Nueva Canarias) surgido por descarte, en la actual encrucijada, una vez abandonado el proyecto inicial de Gran Coalición PP-PSOE. Este pentapartido de facto no se constituirá formalmente como tal pacto de gobierno, a tenor de las diferencias –algunas abismales- entre dichas fuerzas, pero si prospera, como parece, a efectos de los Presupuestos estatales y se proyecta, por inercia, a otras facetas de la vida parlamentaria nacional, todo hace presumir que en España puede haber gobierno para el resto de la legislatura y que Canarias –a través de los citados partidos de disciplina netamente insular- será decisiva mientras corra el reloj. A esta lógica política sobrevenida no tendría por qué afectarle, en principio, el nombre de quien dirija el PSOE a partir de hoy. En lo que sí atañe a las Islas es en lo concerniente al futuro del Gobierno canario, nada menos.

Si hoy -admitiendo las escasas posibilidades de Patxi López- gana Susana Díaz, significará que Fernando Clavijo pierde bazas en su natural afán por contar con el PP dentro del Gobierno. Porque, en el ideario no escrito del PSOE de la presidenta andaluza, está llegar a acuerdos precisos con el PP a lo largo de una legislatura que perdure en el tiempo para permitir a sus filas rearmarse ante la próxima batalla electoral. El PSOE de Susana –que secundan destacados dirigentes socialistas canarios- se abstuvo en octubre pasado no para que gobernara Rajoy, sino para evitar nuevas elecciones, dada la caída en picado del PSOE en las urnas.

El socialismo canario parece dependiente del resultado de estas primarias a título orientativo antes de su propio Congreso, como desveló Juan Fernando López Aguilar, en su entrevista con este periódico, donde se postuló para la secretaría general rompiendo ese compás de espera. Nombres como los de Patricia Hernández, Carolina Darias, Gustavo Matos o Dolores Corujo suenan, en un sentido u otro, para dar también el paso a partir de mañana.

Si se inicia un eventual ciclo susanista, cabe pensar que el PP nacional y el regional valoren la conveniencia de no importunar de modo innecesario a un nuevo PSOE dialogante, a sabiendas de que, a cambio, los populares se harían fuertes disfrutando de la innegable ventaja de personificar la centralidad en medio de una poblada oposición parlamentaria. La reforma electoral progresaría en las Cortes, ante las expectativas de unas elecciones en 2019 con distintas reglas de juego, y el presidente del PP canario, Asier Antona, tiraría de razones de peso para convencer a quienes a bordo de su partido ejercen una comprensible presión para entrar en el Gobierno aprovechando la debilidad de CC: ambas fuerzas se disputan, con matices, un espacio electoral común y hasta ahora todos los manuales políticos aconsejaban evitar alianzas en el poder tras el ecuador de una legislatura. Este miércoles se cumplen, justamente, dos años de las elecciones autonómicas, y, como dijo días atrás el nuevo secretario general de CC en Tenerife, Francisco Linares, conviene actuar “como si ya estuviéramos en campaña electoral”. El Gobierno de Clavijo podría mantenerse en pie otros dos años, pero a costa de un deterioro progresivo por su extrema minoría, a expensas, día tras día, de los favores que el PP tuviera a bien otorgarle desde la oposición.
Si Pedro Sánchez retoma el control del PSOE, se abre paso el instinto político en las restantes fuerzas. El futuro será imprevisible, obra de la astucia y los reflejos. En Madrid, la tendencia del PP será encastillarse en el bloque de 176 votos que está a punto de estrenar, y hacer frente al asedio global que le esperaría desde el PSOE en conexión con Podemos y fuerzas soberanistas catalanas (en La Laguna aumentarían las posibilidades de una moción colectiva de censura). Tanto el PNV como Nueva Canarias se enfrentarían al dilema de sumarse a una oposición en tromba o de sostener a Rajoy con votos de oro. La rentabilidad del apoyo de nacionalistas vascos y canarios en un escenario de salvación tal reportaría a sus territorios beneficios desconocidos en la historia política reciente. Aún en este caso, el PP comenzaría a pensar en una legislatura no a corto ni a largo, sino a medio plazo; trataría de vadear el río de la corrupción hasta que las aguas se calmaran, para convocar elecciones lo menos lesivas posibles. Hasta entonces, los nacionalistas –salvo los catalanes- vivirían sus horas más dulces; en concreto el diputado 176, Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, tendría las llaves del cielo de la gobernabilidad del Estado. ¿Y quién tendría la llave del Gobierno de Canarias?

La oposición manda ahora en Canarias; es mayoritaria frente a un Gobierno monocolor con 18 escaños en una asamblea de 60. Amén del apoyo (incondicional hasta el momento) de los tres diputados de la Agrupación Socialista Gomera, la última palabra la tiene el PP. Ha esperado hasta hoy para conocer la persona que ocupe la secretaría general del PSOE y esperará hasta la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, el próximo mes. El PP es consciente de que deshoja la margarita no solo de este Gobierno, sino de quien lo presida tras las elecciones de 2019.

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