La miseria no tiene límites en este país -y en otros- y los miserables son legión. Han puesto algunos mentecatos el grito en el cielo porque unos colados de Ciudadanos fueron al palco del Bernabéu, a ver la semifinal de Champions, naturalmente de gorra. Salvo calificar a Villegas y compañía de gorrones, que lo son, me parece de lo más miserable que quieran involucrarlos, por su mera presencia en el palco, en “negocios” con empresarios. Qué bajeza más estúpida y a dónde ha llegado este país. Claro que la miseria es mundial porque el “prestigioso” (vamos a dejarlo así) FBI ayudó a Trump a ser presidente de los Estados Unidos, según la señora Clinton. Y en las elecciones francesas ha habido de todo, desde acusaciones graves de nepotismo a que se corriera la voz de que uno de los candidatos a presidir la nación es maricón. ¿Y qué? Lo que ha conseguido la derechona estúpida de Le Pen es que todos los sarasas de Francia voten por él; y a tomar por culo (y nunca mejor empleada la expresión). Claro que todo esto es mejor que lo de Corea del Norte, donde el descerebrado de Kim Jong-un encerró a su tío, un general, en un cuarto con media docena de perros rabiosos, que se lo comieron entero. Parece que fue por echarse una querida. En Venezuela, el tahúr de Maduro pretende cambiar la Constitución chavista para perpetuar su dictadura, mientras se sospecha que el estado de salud del opositor encarcelado, Leopoldo López es tan grave que podría morir. Le importa un comino al régimen venezolano que la Constitución anterior hubiera sido bendecida por Chávez. A rey muerto, rey puesto, querido comandante. Este mundo se ha vuelto loco, pero aquí, en España, nos llevamos la palma, sobre todo después del aterrizaje podemita.
Más miseria
La miseria no tiene límites en este país -y en otros- y los miserables son legión
