Me dicen que hoy es el Día de Canarias y que debo celebrarlo: el día del pueblo canario. Me lo dicen los niños, que lo aprenden en el colegio. Y me lo dicen los amigos, que preparan los trajes de mago para irse a una cena de carne cochino y papas arrugadas y a tocar el timplillo. Pero yo creo que sigue sin ser el Día de Canarias. Y que ponerse un día un traje típico y cantar una folía no está mal, pero no es lo mejor que podemos hacer por esta tierra.
Yo no puedo celebrar el día de una tierra que tiene un cuarto de millón de parados y sigue permitiendo que trabajadores de todos los países del mundo ocupen nuestros puestos de trabajo por sueldos de miseria. No puedo celebrar que los grandes hoteles de cadenas extranjeras den preferencia a la contratación de esos trabajadores foráneos y no quieran a los canarios ni en pintura. Y que con la complicidad de los medios de comunicación se atrevan a decir que los canarios son vagos, que en realidad no quieren trabajar, que viven del cuento y de ordeñar ayudas y subvenciones. Y eso nos lo dicen en nuestra propia casa y delante de nuestra propia cara.
No puedo celebrar que esas grandes cadenas hoteleras estén cosechando en canarias miles de millones de euros de beneficios sin dejarnos ninguna riqueza, porque hasta los salarios son para gente de fuera: sueldos altos para los directivos españoles o europeos y sueldos bajos para el personal latinoamericano. Y todo eso pasa en una tierra donde los comedores escolares tienen que abrir los veranos para que algunos niños puedan hacer una comida al día. Donde el responsable de una ONG cuenta cómo algún niño se guardaba los mendrugos de pan para llevárselos a su casa y dárselos a sus padres.
Los bancos españoles que se hicieron de oro con Canarias cerraron las ventanillas cuando llegó la crisis. Muchos de los pequeños empresarios que perdieron sus negocios saben perfectamente que los bancos fueron los principales responsables de que se hundieran. Se quedaron con nuestros locales y nuestras casas porque no quisieron darnos la posibilidad de recuperarnos y superar la miseria.
En vez de darnos una mano para salir del pozo nos metieron la cabeza debajo del agua. Y esas delegaciones de los grandes bancos españoles, que chupan el dinero de los canarios, siguen abiertas como si tal cosa y se permiten el lujo de decir que ahora la economía “va mejor”. ¿Mejor? A ellos nunca les fue mal. Y si pasaron algún apuro los políticos, con nuestro dinero, los sacaron adelante. Lo que debían haber hecho con nosotros lo hicieron con los bancos.
Este país canario sigue de rodillas, viviendo de las ayudas y las subvenciones. Igual que en la época de los virreyes llamados gobernadores civiles, los políticos canarios se van a Madrid a pisar las alfombras del poder y a hacerle la reverencia a los políticos centralistas. Como cuando los presidentes de cabildos se iban con la caja de puros y la botella de güiski a ver a los ministros de Franco. Cada vez que nos dan una limosna lo celebramos en los titulares de la prensa y echamos voladores. Vivimos como mantenidos y encima nos alegramos de ello.
Hoy no puedo celebrar que este pueblo siga sin ponerse en pie. No puedo celebrar que no haya un pueblo canario que haya encontrado su propio destino. Mejor o peor que el actual, pero suyo. No puedo celebrar que no hayamos aprendido a vivir con nuestro propio esfuerzo, con nuestros propios medios, sin depender de nada ni de nadie. No puedo celebrar el día en que Canarias se haya vuelto mayor de edad y se haya emancipado de los partidos españoles, que hasta nos quieren prohibir hablar del “país canario”. Porque tienen miedo de que este pueblo despierte.
Pero no despierta. Seguimos con la cabeza agachada. Humildes y serviciales. Seguimos yendo a Madrid a pedir nuestras limosnas y a celebrar que nos las den. Seguimos girando la cara para no ver a nuestras familias que se empobrecen. Nuestros políticos van a los cócteles con los grandes empresarios que vendieron nuestro suelo a las empresas españolas y extranjeras. Y mientras la riqueza crece y crece y fluye fuera de nuestras islas, la renta de las familias cae y cae y los canarios nos volvemos más pobres y miserables.
¿Vamos a celebrar que el PIB de Canarias crece más que el de España mientras los sueldos de los canarios están a la cola de Europa? Yo no tengo nada que celebrar. Que lo celebren los kapos canarios, políticos cobardes que siguen cuidando de las mansas ovejas para que todo siga igual.
