al fin es lunes

Trump for expresident

Me ha pedido Carmelo Rivero que encargue una camiseta. Ya no se conforma el director con encargarme suministros de puros cubanos para sus amigos del Hotel Mencey, donde se reúne, con su hermano Martín, la crema de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife

Me ha pedido Carmelo Rivero que encargue una camiseta.

Ya no se conforma el director con encargarme suministros de puros cubanos para sus amigos del Hotel Mencey, donde se reúne, con su hermano Martín, la crema de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

En esa terraza en la que he vivido algunos de los momentos más gratos de mi vida, a finales de los años 60, me cuentan que hay más whisky por gaznate que en ningún hotel del mundo, incluidos los hoteles mexicanos.

Y me cuentan también que los parroquianos consumen tantos puros cubanos como palabras exhalan. El habano es una gloria del humo; Puro humo es el libro que le dedicó Guillermo Cabrera Infante a esa delicia humeante que tiene, además, un origen bien literario: las mujeres que preparaban las hebras eran asistidas en su trabajo por lectores que convertían las sesiones en verdaderos cónclaves librescos. Pero esta vez Carmelo no me ha pedido puros para sus amigos (“tengo pocos amigos; pero tengo un sinfín de personas que se dicen amigos míos”, me confesó un día, cuando aún era un muchacho, al frente de La Gaceta de Canarias). Me ha pedido Carmelo una camiseta.

-¿Una camiseta? ¿Así, sin más?

-No, me dijo: una camiseta con una leyenda.

-¿Qué leyenda?

-La que se te ocurra. Una leyenda sobre Trump. Alguna cachondada de esas tuyas, me dijo, otra vez con ese acento de Duggi con el que se va a ir de la tierra.

Estos días he leído mucho de Trump. En la prensa norteamericana, en la prensa española, en la prensa francesa…, en todos los periódicos a los que tengo acceso, en papel y en Internet.

Y encontré, entre tanta búsqueda, un excelente artículo en el Financial Times (“uno de los periódicos más importantes del mundo, no te lo pierdas los sábados”, me dijo Carmelo) sobre las razones que hay para destituir a Trump, este depredador.

Lo grande de la democracia norteamericana es que tiene muchos poderes laterales que pueden controlar el poder los presidentes, hasta el punto de que pueden destituirlos.

Y en eso están, dice el Financial Times, los republicanos y los demócratas en este momento: analizando todos los fallos, políticos o institucionales, cometidos por este hombre capaz de destituir al director del FBI para que no se sepa qué ha hecho con los rusos o capaz, también, de contar a los rusos secretos del país más poderoso (y más antirruso) de la tierra.

Por muchas de esas cosas Trump puede quedar fuera de la presidencia; y aunque su vicepresidente, Pence, sea peor, el remedio será en cualquier caso mejor que la enfermedad. O al menos eso dicen.

Con todo ese material en mi cabeza me hice una composición de lugar y llegué a esta conclusión: Trump puede ser expulsado de la magistratura principal de la nación.

Con esa sugerencia llamé a Carmelo y se lo dije. Pondré en la camiseta lo que me has pedido pero todavía no sé qué.

Él estuvo al quite y al cabo de unos segundos me puso este wasap:

–¿Qué tal si pones en la camiseta: TRUMP FOR EXPRESIDENT?

Y en esas estoy, buscando un impresor que coloque ese slogan en la camiseta blanca que voy a mandarle a Carmelo, todavía no sé para quién de esos amigos que tiene en la terraza del Mencey.

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