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despuÉs del paréntesis

Valdez

La cuestión allí no es que, como ser humano que eres, puedas caminar con libertad por la avenida. En México todo depende del lado desde donde mires y con qué te correspondas.

La cuestión allí no es que, como ser humano que eres, puedas caminar con libertad por la avenida. En México todo depende del lado desde donde mires y con qué te correspondas. Por ejemplo, ha ocurrido: fulanito de tal, de la familia López, contrajo una deuda de 2.000 pesos… Por circunstancias… se retrasa el cobro. Eso no afecta solo a Cuauhtémoc López, afecta a todos. Cierto día, en el cumpleaños de Luisito, toda la familia López se reúne, y la Rodríguez, y los allegados. La fiesta es divertida, a Luisito lo han colmado de dones y manifiesta una plenitud desconocida…

De pronto se abren las puertas. Descubren a una docena de hombres con fusiles automáticos. Sabes lo que va a ocurrir: no quedará nadie con vida, ni niños, ni mujeres, ni viejos, ni jóvenes. Uno piensa que eso de la violencia indiscriminada es cosa de películas. Incluso puedes permitirte opinar sobre lo que ocurre en cintas como las de Peckinpah o Tarantino; es posible que algún tonto comente que de ese modo se ve porque el autor es así de brutal, tal cual sucede con Cormac McCarthy. No han reparado en la impar escena de Grupo salvaje, al inicio, en la que unos niños meten en la hoguera a unos escarabajos vivos… Lo que Peckinpah y Tarantino y el maravilloso McCarthy nos hacen recordar es que la destrucción y la sangre son marcas de la especie.

Somos los únicos seres vivos del planeta que matamos sin razón. Aterrador. Menos que descubrir a una sociedad que no tiene conciencia de ello. Lo viví una vez en México. Un ruido ensordecedor en la calle y mi amigo que me dijo: “No te preocupes, pues; no más es una balacera”. Desaparecen centenares de mujeres, si la cantante x no se comporta aparecerá colgada de un puente por la mañana, si el futbolista aquel no cumple… Escribo lo que escribo porque el pasado 15 de mayo se vio en el suelo el cuerpo muerto del extraordinario periodista Jesús Javier Valdez Cárdenas, el supremo especialista en narcotráfico del mundo. Y van 100 desaparecidos de la prensa.

Eso quiere decir que en México no se cumple el real, es decir, no basta con ser un profesional y como tal dedicarte con solvencia a tu oficio. No. Estás a tiro de una y de la otra parte; por lo que informas o por lo que callas. La cuestión no es considerar que a esos asesinos de Valdez la libertad de expresión les importe poco; eso ni se lo plantean. Ellos están seguros de una cosa: los cincuenta años de Javier Valdez no eran suyos; vivió mucho. Le pusieron remedio. Espantoso.

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