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¿Y ahora?

Los días que escribo mucho resulta que se me forma un potaje en la cabeza, por no decir aquello con lo que definíamos, de adolescentes, el amor de dos chicas a la vez

Los días que escribo mucho resulta que se me forma un potaje en la cabeza, por no decir aquello con lo que definíamos, de adolescentes, el amor de dos chicas a la vez: “Tengo la picha hecha un lío”, le contábamos al amigo más cercano. ¿La encuesta del CIS? La encuesta del CIS está mal hecha y coloca a políticos catalanes que nadie conoce como los más valorados. Para lo que cobran, estos sociólogos y estadísticos deberían estudiar más. Yo soy de los que dicen que la corrupción no resta votos, al menos en España. El PSOE lo intenta desde que nació: ganar en los juzgados, en vez de en las urnas, pero nunca consiguen sino que cuatro o cinco imbéciles entren en chirona y salgan con la misma pasta a los poco años, después de hacer amigos dentro. No creo que ninguno de ellos haya abandonado el talego con el culo como un bebedero de patos, porque dentro de la mazmorra triunfa el fuerte, no el débil. Y todos los que maman fondos públicos, como los gaznápiros que han trincado, tienen mucho dinero. Ninguno es pobre.

A la cárcel no van a ir ni la madre superiora de los Pujol, ni tampoco el padre prior. Uno de los párrocos sí que ha entrado, pero saldrá pronto. Esto se parece cada vez más a la Tangentópoli italiana; es decir, a un país donde mandan -en Italia, ya no- los fiscales y los jueces. Triste destino para una nación, en la que el poder político no ha sido capaz de hacer con dignidad su trabajo y ha tenido que ser sustituido por el poder judicial, que no entiende de política. Esta es una Tangentópoli a la española, como aquélla lo fue a la italiana. Estamos entre el espagueti y la paella y el país, lentamente, pierde la fe, si es que alguna vez la tuvo. ¡Caramba con la católica España! ¿Y ahora?

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