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despuÉs del paréntesis

Astrofísica

No es trivial preguntarnos por qué nos fascina el universo. Me lo señaló la semana pasada J. J. Armas Marcelo, al que el Instituto de Astrofísica de Canarias invitó

No es trivial preguntarnos por qué nos fascina el universo. Me lo señaló la semana pasada J. J. Armas Marcelo, al que el Instituto de Astrofísica de Canarias invitó, junto con otras personalidades, a sus dependencias para mostrarles qué hacen, cómo lo hacen y por qué lo hacen. Aparte de las clases teóricas sobre esa trama singular de la ciencia, los acercaron a los telescopios y vieron. Fascinante, me dijo.

La humanidad no se movió del modo en que se movieron los cristianos, pobres Copérnico, Galileo o Giordano Bruno. Hubo una civilización sabia, que España destruyó: los mayas. No se explican los sabios de la Nasa cómo es posible que ese pueblo estudiara y siguiera milimétricamente a la estrella de Venus, su Kukulkán. Es imposible que con los medios con que ellos contaban conocieran tan perfectamente a ese planeta; sus movimientos, sus elípticas, su tiempo en los desplazamientos en torno al sol… Ni telescopios ni satélites ni sofisticados artilugios informáticos, pero sus deducciones fueron tan precisas como las de la actualidad. Su signo era el saber de las estrellas. Su actuación se cifró en un proceder matemático sublime (operaban con el “cero” dos siglos antes que los europeos y su sistema era el vigesimal y no el decimal como el nuestro). Esos registros explicaban la medida de su gran Dios (una estrella, el sol) y la posición de los hombres en el mundo. De ahí que crearan el calendario más espectacular que los hombres conocen.

¿Qué nos depara, pues, eso que se llama “astrofísica”? Como ocurrió con los sabios mayas, lo que nos retiene a los hombres de hoy es confirmar el desfase que existe entre nuestras distancias y la distancia; también nuestra concepción del tiempo con el tiempo, millones de años luz y percibimos el reflejo que acaso se extinguió; y el misterio del origen que se une al misterio de lo finito. ¿Tiene final el universo, cómo explicarlo?

Lo que la astronomía depara no es tanto resolver el dilema, cosa que persiguen, sino sustanciar cada una de las partes del dilema.
Así, supongamos que alguna vez se pruebe (como parecen denunciar los pictogramas y otros grabados de esos pueblos de la hoy América que llamamos salvajes e infieles) que nuestro contacto con el universo fue real, que nos visitaron y que nos enseñaron a mirar. Si eso ocurriera la humanidad sería otra, dejaríamos de ser una especie exasperante y banal. Somos parte de la inteligencia universal. Veremos, oiremos y compartiremos. Eso es lo que la astrofísica prueba.

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