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Diferencias

La mayoría de los medios españoles no permitió que el nuevo atentado de Londres restara protagonismo a la victoria europea del Real Madrid: las audiencias mandan

La mayoría de los medios españoles no permitió que el nuevo atentado de Londres restara protagonismo a la victoria europea del Real Madrid: las audiencias mandan. Sin embargo, al margen de las glorias madridistas, lo auténticamente destacable de la final de Gales fue el triunfo de la seguridad. Porque tenemos que reconocer que, por muchas medidas antiterroristas que se adopten, por muchos niveles de alerta que se establezcan y por mucho ejército y policía que patrulle las calles, en cualquier momento y en cualquier parte puede anidar la tragedia. No es solo que la seguridad total no exista, es que, ante unos asesinos dispuestos a morir en el intento, las sociedades europeas somos absolutamente vulnerables. Y, desde esta vulnerabilidad, resulta ejemplar la reacción y el comportamiento de esas sociedades y sus diferencias con la reacción y el comportamiento de la sectaria y cainita sociedad española cuando hace unos años sufrimos el ataque del terror.

La diferencia está en que los británicos, los franceses o los belgas no han salido a la calle preguntando quién ha sido, ni han asaltado las sedes de sus partidos gobernantes, ni han agredido físicamente a los dirigentes y militantes de esos partidos. La diferencia está en que los europeos no distinguen entre víctimas de derechas y víctimas de izquierdas. La diferencia está en que apoyan a sus gobernantes, no los consideran responsables de lo sucedido y aceptan que, pese a sus limitaciones y errores, esos gobernantes están haciendo todo lo que pueden para combatir el terrorismo yihadista. La diferencia está en que todos los partidos significativos comparten esas políticas y colaboran con ellas en la medida de sus posibilidades.

A uno le entran muchas ganas de ser británico, de ser francés o de ser belga cuando se entera de que el Pacto en contra del terrorismo yihadista propiciado por el Gobierno y el Partido Popular, al que se han unido los socialistas y Ciudadanos, no ha sido suscrito por Izquierda Unida ni por los nacionalistas vascos y catalanes. Y que Podemos solo acude a las reuniones en calidad de “observador”. Y a ese deseo de ser europeo se une un profundo asco cuando uno se entera, por ejemplo, de que Podemos en el Ayuntamiento de Pamplona se negó en su momento a condenar los atentados de Bruselas. Ese partido es el que reclamaba el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa y el Centro Nacional de Inteligencia en un futuro Gobierno de coalición con los socialistas. Y hay cinco millones de españoles que les han votado y les apoyan.

A pocos años de su destrucción por los turcos, la cuestión capital en Bizancio era el enfrentamiento en el hipódromo de los verdes y los azules. Nosotros, como somos sociedades democráticas y laicas, nos enfrentamos a nuestro probable futuro de decadencia y destrucción discutiendo sobre el concepto de terrorismo. El Parlamento Europeo lleva años haciéndolo.

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