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El regreso

Todos los dirigentes socialistas, incluyendo los candidatos derrotados en las primarias para la Secretaría General, y también el vencedor, insisten mucho en la unidad y en lo que llaman coser las rotas costuras del partido

Todos los dirigentes socialistas, incluyendo los candidatos derrotados en las primarias para la Secretaría General, y también el vencedor, insisten mucho en la unidad y en lo que llaman coser las rotas costuras del partido. Sin embargo, al margen de esas declaraciones impostadas, no parece muy probable que se pueda construir esa unidad inmediatamente y, por el contrario, la fractura interna del partido corre peligro de ser insalvable. Alguien ha comparado la situación con la que sufrió el PSOE en los albores de la Transición, con un partido del exterior liderado por Rodolfo Llopis y otro del interior comandado por Felipe González. La noche de la elección, en la sede de Ferraz, los congregados a sus puertas insultaban a Susana Díaz llamándola traidora, y lo mismo ocurrió cuando Pedro Sánchez la citó en su discurso de la victoria. Porque el apoyo de la Gestora, del aparato del partido y de la mayoría de los líderes históricos y territoriales, junto con la especie de que era la candidata preferida por el Partido Popular, abrió un abismo insalvable entre la líder andaluza y los militantes. Para ellos significó el pasado y la derrota, cuando la auténtica derrota fue la protagonizada por Sánchez en las dos últimas elecciones generales. Y el auténtico peligro es la sombra de Podemos y su operación de acoso y derribo al PSOE. El absurdo e ilógico procedimiento diseñado por los socialistas, con la elección del Secretario General antes de la celebración del XXXIX Congreso Federal, hace que Pedro Sánchez tenga que aplicarse a controlar sus ponencias y resoluciones. No lo tendrá difícil, porque ya ha obtenido la mayoría absoluta de los delegados, 532 de 1.004 con derecho a voto, mientras Susana Díaz ha conseguido 394 y Patxi López 78. Sus victorias se suceden: el susanista Eduardo Madina ha renunciado a defender la Ponencia política. También ha dimitido el portavoz socialista en la Cámara baja, y cambiarán los representantes del partido en las Comisiones parlamentarias. En cuanto a la Comisión Ejecutiva y el Comité Federal, a elegir en el Congreso, el relato oficial habla de integración y consenso, pero no parece creíble que, tras la experiencia del pasado octubre, Sánchez no intente controlar ambos órganos. Y controlarlos de verdad.

El líder aragonés Javier Lambán, otro destacado susanista, le ha recordado que, en el futuro, necesitará al aparato partidista y le ha reclamado lealtad mutua. Es verdad que Sánchez se enfrenta a un aparato que todavía no controla. Pero no es menos cierto que los Estatutos del PSOE conceden un enorme poder al Secretario General y que, como ha declarado Felipe González, los militantes han colocado a los susanistas en la minoría y no tienen otra opción que apoyar a la mayoría. La circunstancia de que el renacido líder no sea diputado tampoco es insalvable para él. En definitiva, su elección tiene alguna precuela y amenaza con tener muchas más secuelas.

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