Una vez más, la incertidumbre política está condicionando el funcionamiento de la maquinaria autonómica. No solo el PP está sufriendo que le hagan un Fonsi, despacito, pasito a pasito, también los administrados lo padecen. Y van cuatro (al menos). Siempre hay algo por lo que esperar. Siempre alguna circunstancia por la que aplazar según qué decisiones, gestiones, proyectos o expedientes administrativos. Si no es porque los socialistas van a dejar el Gobierno porque se está pendiente de que se aprueben los presupuestos estatales, avance la Ley del Suelo o, como ahora, de que se sepa si habrá o no cambios en cuatro consejerías para que entre el PP. Las decisiones de las administraciones se comportan como el mismísimo horizonte, se alejan continuamente, situándose más allá, atrincheradas en su condición de realidad aplazada, líquida, deslizante, adormeciendo iniciativa y demandas de contribuyentes, emprendedores, entidades y colectivos que descubren que las legislaturas tienen forma esférica. Siempre asoman incertidumbres que desplazan la solución final a años luz de cualquier límite aparente. En ocasiones problemas y soluciones nunca llegan a encontrarse ni en el tiempo ni en el espacio, rodando sobre líneas paralelas que jamás se abrazan. Contribuyentes, proyectos, emprendedores, licencias, entidades, planeamientos y colectivos envejecen intentando alcanzar el horizonte que han ido alejando las elecciones autonómicas, la salida de los socialistas del Gobierno, la interinidad que bloqueó la escena política madrileña, la parálisis presupuestaria estatal, el desarrollo e inminente aprobación de la Ley del Suelo o, en lo que dibuja la siempre penúltima razón deslizante del tiempo, la inminente (o no) entrada del PP en el Gobierno y los cambios que tal desembarco provocaría en no se sabe qué departamentos. Las administraciones (todas) siempre están pendientes de algo, en el aire, postergando por lo que dicen que va a pasar o a no pasar, haciéndole un Fonsi a los administrados.
‘Un Fonsi’ al PP (y 3)
Una vez más, la incertidumbre política está condicionando el funcionamiento de la maquinaria autonómica
