El miércoles fui al campo, a ver jugar al Tenerife y al Getafe. Echaba de menos estos ratos del pasado, de cuando yo seguía al Tenerife por todas partes, en los tiempos de mi amigo Javier Pérez. Me gustó el partido, más que nada por la voluntad que pusieron los dos equipos, metidos en el proceso de ascenso a Primera, por la vía de la promoción. El 1-0 es un buen resultado, no el mejor, pero el Tenerife, si logra un empate en el Coliseo Alfonso Pérez, estará en Primera División el sábado. Deberá luchar mucho.
A mí me gusta especialmente Gaku, el japonés que vino aquí creyendo que el Tenerife estaba en Primera, que tiene una profesora de español, que vivió -o vive- en el Mencey y que sufrió una depresión al sentirse tan solo. Dicen que ya se está adaptando a la vida de Tenerife. No sé si se quedará o se marchará, pero Gaku es un pedazo de jugador, que no se queja nunca, que juega muy bien sin balón y que ya cuenta con el cariño de la afición, por su entrega y seguramente por lo raro que significa venir a jugar desde Japón hasta aquí y porque le marcó dos goles al Real Madrid en el Mundialito. Todo eso se une para conformar a un pequeño ídolo, que espero que vaya creciendo, en juego y en aprecio. Había perdido la costumbre de ir al fútbol, porque lo veo por televisión, pero no es lo mismo que estar en el campo. Más tensión, más emoción, más ruido y más compañía y todo eso se agradece por quien ha vivido el fútbol en directo toda su vida. Ojalá que el Tenerife, el sábado, sea capaz de sacar adelante esta difícil eliminatoria, pero les diré algo: el Getafe no es gran cosa. Creo que el Tenerife tiene mejor equipo.
