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el charco hondo

Intimísimo

Hombres de España no miréis las marquesinas estos días, no vaya a ser que unas fotos de Intimissimi os tachen de machista

Hombres de España no miréis las marquesinas estos días, no vaya a ser que unas fotos de Intimissimi os tachen de machista. Con este tuit, pura gasolina sobre la hoguera de los medios sociales, Dani Rovira (buen monologuista, actor prescindible) certificó días atrás lo mal que escribe y dejó en el aire la duda de si lo suyo es machismo o ironía mal manejada. Al otro lado de la red, sacerdotisas y sacerdotes de lo políticamente correcto respondieron con tanta legitimidad como, en algunos casos, desproporción.

No mereciendo que se le ponga demasiado asunto a la ventolera desatada con la campaña de Irina Shayk para Intimissimi, un análisis intimísimo de la reacción al tuit de Rovira invita a sorprenderse por el ruido gratuito que a veces se genera, sí, pero sobre todo por el silencio sepulcral con el que idénticos sacerdotes y sacerdotisas responden a rituales que, aquí sí, deben ser descalificados por el casposo machismo que los envuelve, ejemplo, un suponer, jamás se ha desatado tormenta alguna en las redes para protestar por el papel inaceptable que los organizadores reservan para las mujeres en los grandes premios de Fórmula Uno y motociclismo o, digámoslo, en fin, también en demasiados eventos deportivos más cercanos, por no hablar (hagámoslo) de la tolerancia con canciones más ligadas a lo penal que a lo romántico, formatos televisivos discriminatorios o desigualdades laborales insuficientemente protestadas. Que le caigan encima a Rovira por haber aludido a unas marquesinas de Intimissimi obedece a razones que se mueven en las arenas movedizas de la interpretación del tuit, lo que verdaderamente llama la atención, siquiera en el ámbito de lo intimísimo, es que algunas cosas generen tanto ruido y otras (véase a las azafatas haciendo de parasoles en los grandes premios) poco o ninguno.

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