Estoy preocupado por el poco equilibrio que demuestra tener el líder socialista, Pedro Sánchez, y por su obsesión enfermiza por entrar en la Moncloa pasando sobre el cadáver -político- de Mariano Rajoy. Será difícil que lo logre y eso lo enrabieta más. Pero me han dicho que quien le azuza constantemente, hasta el desquicie, es su mujer, Begoña Gómez, cuya obsesión por convertirse en primera dama es todavía mayor que la neura de Sánchez por residir en palacio. Ha tenido suerte el matrimonio con el giro de los acontecimientos. Los militantes socialistas, en una extraña carambola, han apostado por un PSOE que se aleja de la socialdemocracia y se integra en la izquierda radical. Esto para un partido que hizo -y tan bien- la Transición y que circuló por un espacio de centro izquierda durante años es malísimo. Ya se arrepentirán. Podemos le ha quitado su espacio más radical y este ambicioso líder quiere ahora pasar al Coletas por la izquierda, lo que significa un error estratégico tremendo. El odio atroz que Sánchez siente por Rajoy, a quien sigue llamando indecente, es impropio de una persona equilibrada. Por eso pienso lo mal que nos iría con éste en el poder, aunque ya digo que lo tiene muy difícil. En cuanto a la ambición de la esposa, debería aprender de Viri Fernández Balboa, la mujer de Mariano Rajoy, que es toda una señora discreta y normal, al contrario que la pareja de Sánchez, que se alonga siempre para salir en las fotos. Parece que hay aspectos de la vida personal de los Sánchez que no encajan en la austeridad socialista y, juntos, han conseguido que haya dos PSOE en vez de uno y que el gallinero, a pesar de las apariencias, esté no poco alterado. Tiempo al tiempo.
Obsesión por la Moncloa
Estoy preocupado por el poco equilibrio que demuestra tener el líder socialista, Pedro Sánchez, y por su obsesión enfermiza por entrar en la Moncloa pasando sobre el cadáver -político- de Mariano Rajoy
