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el charco hondo

¿Qué pasó?

Cuentan los psicólogos que sentirse permanente e innecesariamente alarmado nos instala en el aislamiento, conviviendo con el recelo o, entre otros efectos colaterales, atrapados en interpretaciones erróneas de la realidad, dando por cierta la imagen que nos devuelve un espejo que deforma el contexto

Cuentan los psicólogos que sentirse permanente e innecesariamente alarmado nos instala en el aislamiento, conviviendo con el recelo o, entre otros efectos colaterales, atrapados en interpretaciones erróneas de la realidad, dando por cierta la imagen que nos devuelve un espejo que deforma el contexto. La alarma como pauta habitual de comportamiento nos condena a una actitud defensiva, paralizante. Mucho se han estudiado, en términos generales, los elementos que moldean perfiles o personalidades alarmadas o asustadizas. Sin embargo, poco o absolutamente nada han escrito los psicólogos sobre una patología que bien merece una conferencia bajo el título La difícil, alarmada y asustada convivencia de los canarios y su teléfono, charla o tesis que verse, intente explicar y llegue a alguna conclusión masticable sobre las razones que tienen a los canarios respondiendo a las llamadas confundiendo el teléfono como una granada de mano. ¿Qué pasó?

El canario-tipo (o tipo canario) jamás descuelga e inicia la conversación con un relajado hola, qué tal. Cuando un canario recibe una llamada siempre piensa que es para mal, que algo malo ha pasado o que van a darle un disgusto, de ahí que con voz quebrada (temblorosa) siempre empiece con la pregunta que diagnostica su estado de permanente e innecesaria alarma. ¿Qué pasó? Ajeno a cualquier tono que denote control de la situación, serenidad o normalidad, los canarios suspiramos la pregunta de referencia y cruzamos mentalmente los dedos para que la respuesta de quien está al otro lado no nos estalle en la mano, rezamos para que quien llama no nos destroce el día, la semana o el mes. ¡No ha pasado nada! Escuchada la respuesta-tipo la alarma decae unos minutos; sin embargo, cabe animar a los psicólogos a que confirmen si, efectivamente, el canario no termina de creerse que no haya pasado algo solo que no nos lo quieren contar.

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