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el charco hondo

Show must go on

Algunos años atrás (2009) el cómico Beppe Grillo brindó a los italianos la posibilidad de censurar en las urnas a los partidos tradicionales, animándolos a que materializaran su enfado apoyando a un ejército desarticulado de licenciados universitarios

Algunos años atrás (2009) el cómico Beppe Grillo brindó a los italianos la posibilidad de censurar en las urnas a los partidos tradicionales, animándolos a que materializaran su enfado apoyando a un ejército desarticulado de licenciados universitarios. Una legión de italianos, hasta las narices de recortes y corruptelas, compraron la revolución que se les ofreció. Con su entrada en la sala de máquinas del sistema comenzaron los pecados, las desilusiones. Tanto el Movimiento 5 Estrellas como Podemos fueron acunados (crecieron) al calor del justificado hartazgo de millones de contribuyentes, ciudadanos que votaron castigo y soluciones, patear a los de siempre y obtener respuestas. Pablo Iglesias, instalado en la ideología de llamar la atención a golpe de titulares gruesos o de puestas en escena más o menos gamberras, se ha desentendido de las soluciones que sus votantes esperaban. En la encrucijada de optar entre ser útiles o espectaculares el pablismo decidió renunciar a la utilidad para acampar en una espectacularidad inocua: se sienten más cómodos guionizando un programa de televisión que articulando un programa político con posibilidades ciertas de ayudar a cambiar las cosas (o a girarlas, al menos). Si censurables son los agujeros penales del PP también que Podemos presente una moción aludiendo a una mayoría alternativa que la realidad desmiente. El catedrático de Derecho Constitucional Javier García Fernández considera que con la moción de censura el pablismo intenta deslegitimar la democracia. No va por ahí. El pecado es poner los mecanismos democráticos (una moción de censura, en este caso) al servicio no de las soluciones sino del espectáculo, no de la utilidad sino de la espectacularidad, del programa de televisión en el que están diluyéndose las expectativas cada vez más frustradas que años atrás generó un ejército desarticulado de profesores españoles que bebieron, entre otras fuentes, del precedente italiano. Show must go on. El espectáculo debe continuar.

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